miércoles, 24 de febrero de 2016

Dejando explorar a nuestros hijos

A los padres nos preocupa mucho, muchísimo, que nuestros hijos se muevan en entornos seguros y que no tengan posibilidad de hacerse daño. Es muy doloroso para él, pero para nosotros como padres también vivir una situación así. Es una actitud totalmente normal y comprensible, va incluido en el hecho de ser padres. De todas formas, creo que a veces nos pasamos y no dejamos que los pequeños experimenten todo lo que deberían.



Para mi un ejemplo claro son la cantidad de elementos protectores que existen en el mercado para que los más pequeños de la casa no puedan hacer determinadas cosas: Ganchos que evitan que se abran los cajones, armarios y nevera, protectores que evitan que los niños se pillen los dedos en las puertas, barreras protectoras, chichoneras, viseras de baño para que no les caiga agua en la cara… hasta un protector de macetas para que no toquen la tierra he llegado a ver.

¿Son realmente ‘necesarios’ todos estos elementos? En casa creemos que no, y no quiere decir que dejemos a nuestros hijos echar un trago de lejía cuando tengan sed ni que no vigilemos la seguridad. Básicamente creemos que a los niños hay que dejarlos explorar (bajo nuestra supervisión).




¿Si a un adulto le prohíben abrir un cajón poniéndole un cerrojo, no moriremos por saber lo que hay ahí e intentaremos abrirlo en un momento u otro? Somos curiosos por naturaleza, así que imaginaos qué debe pensar un pequeñajo o pequeñaja que sabe que tiene delante un cajón que no puede abrir pero que sabe que se puede abrir… dejemos que puedan explorar e investigar, dejémosles trastear y experimentar, dejemos que lleguen a sus límites y que comprueben ellos mismos cuáles son.

Muchas veces tengo la sensación que todas estas cosas tienen una ‘segunda función’, y es hacernos la vida de padres mucho más cómoda: si no pueden abrir los cajones no hace falta que vigile de que coja nada, si no tiran la tierra de la maceta al suelo me evitaré recogerla (aunque se haya comido una poca), y así con muchas cosas.

No creéis que poniendo estas protecciones no les estaremos frenando en algunos aspectos? Si no queremos que se caigan por las escaleras no es mejor que les enseñemos a subirlas y bajarlas cuando los veamos capaces y/o muestren interés? Y no, no me refiero que con dos años mi hijo vaya a andar a su antojo subiendo y bajando las escaleras solo, pero ya sabe que se tiene que agarrar, que no lo puede hacer solo…

Esto lo veo un poco como el ir a la piscina; mucha gente no los lleva porque ‘son muy pequeños’. Es totalmente respetable, faltaría más. Nosotros los llevamos desde los 4 meses. Resultado? La HermanaMayor ya ‘se aguanta en el agua’ desde antes de los 4 años… y eso, al final es una tranquilidad que tienes. Es como una inversión.

Vosotros sois de llenar toda la casa con papel de burbujitas o dejáis a vuestros pequeños que alguna vez que otra ‘se pillen los dedos’?

2 comentarios:

  1. Yo creo en la ley de la supervivencia y tengo la caverna llena de trampas...
    No, ahora en serio, en casa no tenemos nada, le dejamos ir y venir y explorar con atención de dónde va. Con año y medio ya sabe lo que puede abrir y lo que no pero siempre hay cosas nuevas que explorar, ahora a descubierto el arenero del gato :)

    Mejor que exploren, que se hagan más independientes, que se hagan alguna herida de combate que tenerlo en una burbuja y se den de bruces con la realidad el día menos pensado.

    Un saludo.

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    1. totalmente de acuerdo! La universidad de la vida! Ah, el arenero del gato aún es desconocido para el enano :P

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