martes, 17 de marzo de 2015

Y cuando se acaba la baja maternal, ¿Cómo lo hacemos?

Hace algunas semanas leí por ahí un artículo en el que se hablaba de las consecuencias que tenía en las familias la insuficiente duración de la baja maternal y la poca conciliación que existe en la sociedad en la que vivimos así como algunas de las diferentes alternativas para afrontar los siguientes meses en los que los pequeños aún no tienen que ser escolarizados: en muchos casos, con laayuda de los abuelos (como el nuestro) y en otros teniendo que recurrir a otras soluciones, como las guarderías, escuelas infantiles o ludotecas.

En nuestro caso, se puede decir que hacemos un mix de dos de estas situaciones que he comentado y que ya hicimos en su día con la HermanaMayor. 

Por supuesto, la situación en la que nos gustaría encontrarnos es la de no tener que recurrir a nadie ni dejarlos en ningún sitio; en definitiva, que los peques estuvieran con, al menos, uno de nosotros. Lamentablemente, en el país en el que vivimos esta situación parece una utopía más que otra cosa para la mayoría de las familias. Hoy en día, con los dos padres trabajando, es muy difícil poder gestionarlo todo (y si son dos, aún más) sin recurrir a nadie.

Cuando la HermanaMayor era la única personita de ese tamaño que existía en nuestra familia y llegó el momento de tomar la decisión, valoramos la opción de llevarla a una guardería (qué poco me gusta esta palabra, suena tan a párking...) cuando acabara la baja maternal y todos sus posibles añadidos. No queríamos recurrir a nadie porque para eso era nuestra hija y no queríamos poner en un compromiso a nadie. No obstante, tras darle muchas vueltas al asunto cedimos a la propuesta de los abuelos y, en realidad, era la opción menos mala; no nos hacía nada de gracia tener que dejar a la pequeña en una guardería durante todo el día con menos de 6 meses. Así pues, la pequeña se quedaba con los abuelos mientras sus padres se ganaban el sustento hasta que llegó septiembre y, entonces sí, la apuntamos a una guardería en la que esperábamos (y así fue), estuviera bien atendida.

Con el pequeñajo, la situación se repite, y esta vez la decisión ha sido más sencilla porque ya llevábamos la inercia de la HermanaMayor. De momento se queda con los abuelos y la supermami, cuando llega acompañada de su estrés (su fiel compañero inseparable) lo pasa a buscar para recoger a la grande en el colegio. En septiembre, si no cambia nada, intentaremos que el pequeñajo vaya a la misma Llar d'Infants (en catalán suena menos duro!); a ver si hay suerte.

Por supuesto, siempre tenemos ese pequeño nudo de tener que recurrir a alguien para que nos ayude con nuestros hijos, pero no lo podemos (o sabemos) gestionar de otra forma... y eso que yo tengo bastante flexibilidad horaria y la súpermami tiene un horario bastante bueno... si no, aún sería más complicado.

Se tome la decisión que se tome, es algo complicado. Por nuestra parte no queríamos 'molestar' ni 'poner en el compromiso' a nadie, pero los abuelos insistieron y -parece- que lo hacen con gusto, así que nosotros más tranquilos, los pequeños bien cuidados y, cuando tengan un añito, aunque sean pequeños, a la guardería. Somos incapaces de cargar a los abuelos con más de dos años de crianza. Además, después de ver cómo estuvo la HermanaMayor de bien cuidada en la escuela infantil y lo bien que se lo pasaba, seguiremos haciéndolo así.

Y esto no quiere decir que no necesitemos a los abuelos... ellos son los encargados de despertarlos por la mañana y de llevarlos al cole: ese gran privilegio que echamos de menos.

martes, 10 de marzo de 2015

El nerviosismo de los domingos...


Estamos empezando a temer la hora de ir a dormir de los domingos.

Desde hace varias semanas estamos observando ciertos cambios en la HermanaMayor el último día de la semana tras la explicación del cuento de antes de dormir. Puntualmente esta misma situación se ha producido en algún otro día de la semana, pero básicamente, el día heavy es el domingo.

Este último domingo, sin ir más lejos, ha tardado más de hora y media en dormirse.

¿Qué es lo que ocurre? Todo va con aparente normalidad, el fin de semana ha transcurrido sin más sobresaltos que los habituales y llegamos a la hora de ir a dormir. Tras la explicación del cuento y despedirnos con un alegre 'Bona Nit' nuestros sentidos (los de los papis) ya se ponen alerta. A los pocos minutos de dar por finalizada la jornada nos solemos encontrar con alguna de estas situaciones:

1. Que se ponga a gritar diciendo que 'Está nerviosa' (sabrá lo que significa ¿?)
2. Que se levante y se vaya a nuestra cama, donde la mami normalmente está dándole el pecho al pequeñajo antes de dormir.
3. Que empiece a llamarnos por chorradas varias (que si agua, que si mocos, que si el jersey mal metido entre los pantalones, que si a qué huelen las cosas que no huelen... Igual esta última no ha pasado nunca, pero no me sorprendería).

A partir de aquí el tema va in crescendo hasta que se genera una tensión en su habitación considerable; nosotros porque nos sabe fatal que pasen los minutos y siga sin dormirse y ella porque no consigue su objetivo, sea el que sea.

Una de las cosas que hace cuando nos encontramos en una situación así es, precisamente, no explicar nada. Ya le podemos hacer mil preguntas que no suelta prenda... es como si se metiera en un círculo vicioso del que le cuesta salir. El último día en el que nos vimos en una situación como esta conseguí que explicara algo después de mucho insistir y de usar mis infalibles (ejem) armas de persuasión: Me dijo que no quería quedarse sola.

Con estas pocas palabras comenzamos a atar cabos: Como ya he comentado antes, la mami normalmente está en la cama con el pequeñajo, así que seguramente, ese 'robo de madre' le debe estar pasando factura. Obviamente no nos íbamos a poner a regañarla por algo así, en el fondo es comprensible, así que tocaba cambiar la táctica. En alguna ocasión este cambio ha sido quedarnos en la habitación con ella para hacerle compañía; no obstante, para esta última vez he optado por intentar que entendiera la situación y hacerle ver que, aunque no estuviéramos en su habitación, estábamos muy cerca de ella, pendientes de cualquier necesidad que pudiera tener. Parece que al final, tras más de hora y media de malos rollos, nervios y otras situaciones espeluznantes, he conseguido que se tranquilizara y, evidentemente, se ha dormido en un momento...

Lo que no acabamos de entender es porqué esta situación se da, en la mayoría de ocasiones, únicamente en domingo. No sabemos si ya empieza a ser consciente que al día siguiente estarán los abuelos con ella y nosotros no estaremos, si los días del fin de semana se le quedan cortos (y a quién no!)... En fin, que iremos hablando con ella para intentar relajarla en este aspecto y que deje de 'Estar Nerviosa'.

Pobrecilla, debe ser duro para ella tener que compartir los papis con el nuevo hermanito, por mucho que lo quiera...

martes, 3 de marzo de 2015

Cambios de ritmo en casa

El tiempo cuando tienes un hijo pasa muy rápido... cuando tienes dos, ni te cuento.

El pequeñajo ya tiene cinco meses y medio, lo que significa que lamentablemente la insuficiente baja de maternidad y todos sus posibles propinas han llegado a su fin. Entre las 16 semanas del permiso oficial, las vacaciones del 2014 y las horas de lactancia agrupadas, mi mujer ha conseguido alargar el tiempo para estar con el pequeñajo hasta los cinco meses y una semana. De todas formas en este post no voy a entrar a juzgar el tema de la baja maternal (y de la paternal ni hablamos) porque el tema ya está muy pero que muy tratado en multitud de sitios.

Lo que nos toca a nosotros ahora, con la ayuda de los abuelos (menos mal) es hacer encaje de bolillos para, por una parte, cubrir las horas en las que no podemos atender a nuestros pequeños y, por otra, intentar no romper horarios cuando sí estamos con ellos... y con las tareas de casa acechándonos (parece que se multiplican!).

Por un lado le ha tocado a la mami (y le sigue tocando) hacer reserva de leche materna para que el enano tenga el suficiente sustento para las horas en las que su alimento está lejos. Pese a que lo recomendable es hacer lactancia exclusiva hasta los 6 meses (no me salen los números... 6 meses lactancia exclusiva, 16 semanas de baja... ) hemos introducido ya una pequeña cantidad de papilla de cereales tras consensuarlo con la pediatra. No nos queda otra si queremos que las reservas lácteas aguanten algo más de tiempo.

Por otro lado, la ayuda de los abuelos nos cae como mano de santo. El poder contar con ellos para que lleven a la HermanaMayor al cole y se puedan hacer cargo del pequeñajo hasta que la mami llegue de trabajar nos permite estar algo más tranquilos. De todas formas, esta situación no evita el pinchazo de rabia por tener que recurrir a estas situaciones. Tampoco nos haría mucha gracia tener que llevar al pequeñajo a la guardería a esa edad... pero esto lo trataré en otro post.

Por las tardes, cuando ya estamos todos en casa, todo gira en torno al reloj y a esos segundos que pasan a velocidad de vértigo; en pocas horas hay que jugar un rato, preparar cenas, comidas del día siguiente, baños (individuales y/o compartidos), ver algo la tele, cenar y todo eso sin que la HermanaMayor se vaya más tarde de las 21.00 a dormir (luego toca cuento)... La cosa se complica cuando hay alguna actividad extraescolar: los dos, por separado y en días separados, van a la piscina...

No obstante, es lo que toca! Hay que tener pensamiento positivo y tener en cuenta que seguramente, en no muchos años, echaremos algo de menos este estrés de vida, así que tocará disfrutarlo, no?

¿Quién dijo miedo? :)

jueves, 26 de febrero de 2015

Llegó el momento de... separar contenidos


Hace un tiempo que me ronda por la cabeza hacer (otra vez) cambios en el blog... Creo que es necesario separar las dos temáticas principales que trato aquí porque me da la sensación que en determinados momentos, y dependiendo de la época, alguna puede quedar algo marginada. Eso no me gusta y creo que la mejor forma de arreglarlo es centralizar temas.

Cuando me pongo a hace un diario de viaje acabo estando mucho tiempo sin comentar nada de mi experiencia como padre, y tengo muchas cosas que contar que al final se quedan en el tintero. Cuando me pongo a explicar un viaje no quiero eternizarme y prefiero hacerlo todo de una tirada, pero el tiempo del que dispongo es limitado, así que uno hace lo que puede. Y quiero hacerlo de un tirón porque, de la misma forma que a mi me ayuda la experiencia de otros viajeros cuando hablan de un destino, yo también quiero que mi experiencia esté disponible lo antes posible y que otros puedan aprovecharla (y por eso existe este blog).

Por otro lado, creo que hay grupos de lectores que pueden no estar interesados en alguna de las principales temáticas que trato y tampoco quiero que alguien deje de visitarme porque no le acaba de interesar cierto contenido que publico. Puedo entender perfectamente que alguien que quiera leer cosas de viajes no le importen demasiado mis experiencias 'paternales'. De la misma forma que es posible que alguien que quiera leer sobre temas de crianza puede no estar interesado en exceso con viajes o actividades infantiles.

No quiero discriminar a nadie y que cada uno lea el contenido que más le interese. Es por eso que voy a separar este blog en dos: El actual, tratando sobre tema de crianza y experiencia de padre y uno nuevo en el que hablaré principalmente de viajes y actividades en familia.

Por supuesto, espero que todos los que estáis por aquí habitualmente, o los que lo hacéis de forma esporádica, os apuntéis al carro del nuevo blog y me sigáis también allí :)

El nuevo blog se llama Con Peques se puede y lo podéis visitar aquí. También me podéis seguir en Facebook y en Twitter. En él voy a dejar constancia de que prácticamente cualquier cosa que se hace sin niños también se puede hacer con ellos (a un ritmo diferente, por supuesto). Aún hay mucha gente que cuando tiene hijos se mete en una especie de burbuja y se encierran en la idea de que con hijos muchas cosas no se pueden hacer. La intención es desterrar esta idea que, en muchos casos, viene de nuestra propia sociedad y de nuestro círculo personal más cercano. 

Os espero allí! (y no os vayáis de aquí :P).

jueves, 15 de enero de 2015

Sordera, ignorancia, temperamento, celos... o todo junto

Llevamos unos días en los que literalmente nos podemos definir como AGOTADOS por el hecho de ser padres.

No tenemos muy clara la razón (o sí), pero la enana, ascendida a hermana mayor desde hace 4 meses, nos está poniendo a prueba en la complicada tarea de ser padres.

Por lo que hemos podido averiguar, tanteando nuestro entorno cercano con minihumanos de edades similares, parece que más o menos estamos todos igual... De todas formas, creo que a la nuestra la podemos condimentar con algo de celos (aunque no lo demuestra abiertamente) y su Alta Demanda.

En algunos momentos nos hemos llegado a plantear si realmente estaba sorda o no, de verdad! Tras una ardua investigación, hemos acabado deduciendo que se trata de una especie de sordera selectiva que se desarrolla en esta edad (3 años) y que permite escuchar lo que a uno le interesa y obviando lo que no de una manera sorprendente. Esa sordera a veces se complementa con una importante dosis de rebeldía. A veces no sabes si es mejor que se haga la sorda o que se rebote. 

Cuando se le cruzan los cables (por cualquier razón, sea o no importante), el conflicto puede acabar de dos formas: En lloro desconsolado o en unos morros que lleguen a la pared más lejana de la habitación. En ambos casos la duración será la que decida la señorita, tanto pueden ser 5 minutos como cerca de una hora; me da la sensación que al final, cuando se pone a llorar, acaba llorando por inercia, sin saber bien bien por qué. 

Ya el remate viene con las horas de comer... son horribles! Cuando era bebé decíamos bastante contentos (qué remedio!): "Duerme mal, pero al menos come divinamente. Lo de dormir ya se arreglará". Qué ingenuos por nuestra parte, jaja... Ahora el dormir está más o menos solventado (no tendremos en cuenta los frecuentes despertares que hacen que no sepamos lo que es dormir una noche entera), pero hemos empeorado en el comer de una forma bárbara. El hecho de sentarnos para cenar todos juntos a la hora de cenar hace crecer una nube de tensión en la cocina...

En resumen, llevamos una época en la que no hacemos más que luchar y luchar y estamos un poco cansados. Es posible que los dichosos celos tengan algo que ver en todo ello, aunque muchas de las actitudes ya estaban antes de que viniera su hermanito, así que no sabemos bien qué pensar. El problema fundamental es que andamos perdidos en qué hacer para solucionarlo (si podemos hacer algo, claro... igual se tiene que solucionar solo). Se aceptan consejos!

Nosotros nos sabemos la teoría al dedillo; explicarlo todo, dar alternativas, negociar... y amenazar. Lamentablemente, y por poco que nos guste, en muchísimas situaciones acabamos amenazando; parece que es la única forma en la que reacciona (y no siempre sirve). No nos gusta tener que ir por este camino e intentamos, cuando está de buenas, hablar con ella (cuánto puede hablarse con una niña de 3 años? :P), explicarle; ella nos da la razón y llegamos a acuerdos, pero no sirve. A las pocas de cambio, volvemos a estar igual.

Esperemos que esta época pase pronto, y muchos ánimos a quién esté viviendo algo parecido; sabemos que no estamos solos!