Es curioso cómo cambian las cosas en pocos años; actitudes que llevan años instauradas en la sociedad que se consideran como correctas acaban cambiando. Primero con una tendencia y después un comunicado oficial de un organismo público. Algunos de estos cambios van relacionados con la alimentación de los más pequeños, y una de las más importantes es la incorporación de los sólidos a los bebés: El bien conocido Baby Led Weaning, o, dicho vulgarmente, comer a trozos lo que el pequeño o la pequeña quieran.
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jueves, 26 de mayo de 2016
jueves, 22 de octubre de 2015
La lactancia materna, no siempre tan fácil
No hace mucho os hablé de que conseguir un embarazo no siempre es un camino de rosas (y por supuesto, muchos embarazos tampoco lo son). Otra de esas cosas que parece fácil y muchas veces no llega a serlo es la lactancia materna; hoy os voy a hablar de ello... un papá hablando de lactancia materna (y cada vez somos más, por suerte).
Nuestra primera experiencia no fue sencilla. Pensábamos que sabíamos lo suficiente como para tirarla adelante sin problemas, pero a los pocos días del nacimiento de la pequeña, en la primera revisión, algo no iba bien: Aún estaba lejos de recuperar el peso que tenía al nacer y saltaron las alertas en la consulta de la enfermera. Por suerte, un familiar nos recomendó visitar un pediatra especialista en lactancia materna: Luís Ruíz. Gracias a su experiencia y asesoramiento conseguimos que la lactancia fuera como tenía que ir; los problemas? Mala posición y frenillo corto del bebé. Si no nos hubieran recomendado ese médico, seguramente no estaría escribiendo este post.
Teniendo en cuenta nuestra propia experiencia y la de alguna gente cercana, creo que quedan muchas cosas que aclarar en este aspecto y, en los cursos de preparación al parto, deberían enseñarse cuáles son los problemas más comunes que pueden aparecer: La posición del bebé al mamar (ya que influye en la aparición de las dichosas y dolorosas grietas), la inclinación de la cabeza, la apertura de la boca, la frecuencia de las tomas o el posible frenillo corto. Si no se tiene solucion a estos problemas, el riesgo de abandono aumenta.
Los padres lo pasan muy mal en situaciones así; por si fuera poco, a veces también toca lidiar con comentarios como que “el bebé se va a poner enfermo”, “dale un biberón que es más fácil” y otros parecidos. Aquí es donde nuestro papel como papás se hace importante; si la madre está decidida a seguir con ello debemos dar apoyo incondicional y ayudar a gestionar torear estas situaciones para intentar evitar un fracaso de la lactancia materna.
Al final todo se resume en tener información y en hablar claro… no pintemos de color de rosa cosas que luego igual no lo son, porque después aparecen las decepciones.
viernes, 31 de julio de 2015
Cenas de alta tensión
Sabíamos que íbamos a pasar por algunos momentos 'tensos' con dos pequeños en casa; lo que no nos imaginábamos era que los íbamos a vivir a diario... en las cenas.
| ¿Verdad que nos ponemos guapos para cenar? :P |
Desde que tenemos hijos siempre hemos intentado que la cena sea de la misma forma: todos juntos, sin tele, sin móvil y sin molestias externas (si vale, algún fin de semana nos lo saltamos para cenar viendo alguna serie en pareja...). Es la única comida que hacemos juntos y -se supone- debería ser un momento de concordia y bienestar. Pues no.
Por un lado tenemos al pequeñajo de la casa: Al contrario que su hermana mayor, no es muy flexible en cuestión de horarios y hemos de cumplir los que nos marca. Saltárselos implica consecuencias como que esté echo polvo y acabe no cenando, que se ponga a llorar a la mínima o, lo que le ha dado por hacer ahora, que grite (fuerte!).
Por el otro tenemos a la HermanaMayor, de la que se supone teníamos superado el trauma tema de las cenas tras un periodo convulso hace algunos meses, pero no, ha vuelto. Fue un espejismo.
Con el pequeño poco podemos hacer: intentar que descanse algo más por la tarde y/o cumplir fielmente los horarios; respecto a la mayor, nos sabemos la teoría al dedillo: que no hay que obligarla, que coma lo que quiera, que no hay que amenazar, bla bla bla. Todo esto es la teoría, pero cómo gestionas esa teoría cuando todas las noches es igual? Evidentemente, un día se puede ir a dormir sin cenar porque no le venga de gusto, esté cansada o lo que sea; lo que no nos acaba de parecer del todo correcto es que adopte esa actitud como algo normal y no quiera cenar ningún día...
No hace mucho llegamos a la conclusión de que esas situaciones no debían ponernos continuar porque al final se respira un ambiente horrible. Si no quieren cenar, que no cenen. Con el pequeñajo no nos preocupamos en exceso porque habitualmente come bien y aún toma pecho. Con la grande ponemos un temporizador (muuuuy generoso y que a veces va acumulando tiempo en vez de restarlo) y, si llegado el momento no ha acabado, se lo guardamos para el día siguiente. Todo sea por intentar evitar los malos rollos en la cena y establecer un poco de orden.
Juntando los gritos de uno y las distracciones, despistes, encantamientos y quejidos de la otra, echamos un poco de menos la paz y armonía de la que deberíamos estar disfrutando durante la cena, ese momento que hemos decidido que sea solo familiar, sin interrupciones.
¿Vosotros vivís alguna situación parecida a esta o vivís en nubes de algodón, todo es maravilloso y me vais a dar envidia?
Ojo! Que no son todas las noches así... a veces se alinean los astros y conseguimos que el pequeñajo cene contento y que la HermanaMayor esté de buenas y cene en un santiamén y entonces, sí, aparece la concordia familiar y en lugar de gritos de uno, quejidos de la otra, comentarios de los padres (te vas a ir a dormir sin cenar...), se escuchan risas, se explican cosas del día y todo es de color de rosa. Podría ser siempre así, no?
martes, 21 de abril de 2015
Probamos las papillas Blevit!
Hace algunos días nos escogieron, gracias a Madresfera y a Laboratorios Ordesa, para probar algunas de las variedades de Blevit. Lo cierto es que nos iba de perlas porque el peque está justo en la edad en la que come de estas papillas... menos la de 12 meses, que tendrá que esperar.
En realidad, la prueba de los productos para nosotros ha sido probar nuevas variedades, porque como he comentado, ya son las papillas que el enano se mete entre pecho y espalda!
Una vez probadas las dos variedades que hemos podido usar (la de natillas con bastante más éxito que la de frutas, no nos vamos a engañar), paso a valorarlas un poco en general puntuándoloas de 1 a 5 (siendo 5 la mejor puntuación):
- Aroma y Sabor: Todas las variedades, incluso las de Sin Gluten y la de 8 cereales normal, que son las que conocemos, huelen de maravilla, así que le damos un 5.
- Textura: Esto va un poco en función de la preparación, pero si están en su medida justa, el enano va que se las pela y se enfada si no vamos rápido. Le damos un 4.
- Facilidad de preparación: Prepararlas no tiene ninguna dificultad; tal y como he comentado en el punto anterior, no hay que pasarse... Como pequeña pega, nos da la sensación de que si la leche no está bien caliente, no espesa de la misma forma. Un 4 sobre 5.
- Comodidad del formato: Cada caja contiene dos bolsitas con la papilla en su interior. A mi parecer, echo en falta un cierre fácil o algo así... Le damos un 3 (ahora recurrimos a pinzas del Ikea)
- Fórmula completa: A pesar de no ser un experto... suponemos que así es. Además, cuando nos informamos en su día antes de dárselas a la Hermana Mayor, fueron las que mejor impresión nos dieron. Le damos un 4 porque tampoco creo que puedan alimentarse únicamente de esto, no por nada malo ;)
Y hasta aquí el análisis de los productos Blevit!
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