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viernes, 7 de octubre de 2016

10 años MyO





Hoy hace 10 años de este fantástico día. 10 años de buenos momentos salpicado con algunos no tan buenos. 10 años de camino conjunto en el que hemos construido una familia. Nuestra familia.

10 años que fueron el punto de partida a todo lo que ha venido después; lo más importante, haber tenido dos hijos que nos traen de cabeza pero que nos la hacen perder de felicidad.

10 años superando obstáculos juntos y alcanzando metas. Paso a paso, con humildad, con respeto y aprendiendo cada día.

10 años aguantándome. 10 años aguantándote. 10 años aguantándonos... pero siempre juntos.

10 años que son los 10 primeros años de muchos más.

Felicidades. 

T'

miércoles, 4 de mayo de 2016

#ElTemadelaSemana2: El peor momento del día

De la misma forma que en nuestras vidas tenemos El mejor momento del día no podía faltar El peor momento del día... y de ello os voy a hablar hoy.

¿Se produce cada día? No, pero tampoco es que sea algo muy raro, lo vivimos con más frecuencia de la que me gustaría (que sería prácticamente nunca).



Para mi el peor momento del día es cuando se lía parda: Nervios, gritos y malos rollos entre varios miembros de la familia. Situaciones unas veces generadas por el desquicio al que te llevan los más pequeños, otras por el cansancio, otras porque uno no tiene un buen día... Al final el motivo es lo de menos. Incluso hay veces que, sin ir el tema con nosotros (los padres), la situación es tan tensa que hace saltar la chispa a la mínima.

Ese es mi peor momento del día… y no me gustaría vivirlo más (aunque sé que es inevitable).





domingo, 1 de mayo de 2016

Felicidades Mamá!!

Hoy es el día de la madre. Si hemos sucumbido al consumismo y al poder absorvente de la publicidad es posible que hoy regalemos colonia, joyas, algún tratamiento de salud / bienestar o algún modelito mono de una gran cadena textil; los más clásicos regalarán flores y otros más modernos alguna actividad de aventura. Atrás parece que van quedando otro tipo de ‘regalos’ como planchas, sandwicheras o cafeteras (aunque seguro que algo queda por ahí).



¿Se merece algún regalo nuestra mami? Por supuesto, se los merece todos. Cada día. Sin embargo como comprenderéis, no podemos vivir bebiendo colonia y comiendo ropa…

Uno de mis regalos para ella va a ser este post. Espero que le guste más que su colonia preferida (o esos pendientes...).

Lo estás haciendo bien, no te quepa duda. Tus hijos son felices, te adoran y no te dejarían a sol ni a sombra (y sí, sé que a veces no te importaría hacerte ‘invisible’ al menos por un rato), pero al final eso es un síntoma de la pasión que tienen ellos por ti. Me vienen a la cabeza esos momentos mañaneros de los fines de semana cuando los dos invaden nuestra cama pero acaban peleándose por estar contigo. Madre solo hay una…

Siempre te va la mente a tope: Aún no has acabado de hacer algo y ya estás pensando en lo que vas a hacer tres días después, y la mayoría de cosas con ellos como protagonistas porque ellos son lo primero. Te exiges. A veces, demasiado. Todo tiene que estar perfecto (o casi)... Al llegar el final del día ya no puedes más: No me extraña.

Cansa. Agota. Pero es de las cosas más bonitas que se pueden vivir. Ya dije no hace mucho lo que opino de mi familia, y la nuestra no existiría ni sería posible sin ti.

No te cuestiones si estás haciendo algo bien o mal; eres incapaz de hacer algo malo para ellos, así que pase lo que pase, tenlo presente: lo estás haciendo bien.

Hoy es tu día; todos los días son tu día. Hoy no haces nada diferente a lo que vienes haciendo desde hace algo más de 4 años y medio, pero es bueno que se reconozca. Ser madre: Posiblemente el trabajo más duro que se puede tener pero seguramente el mejor trabajo que se puede tener.

Felicidades por tu día, y por todos los días.

miércoles, 6 de abril de 2016

Me encanta...

Situación: cena de domingo por la noche en la cocina, como prácticamente cada día. El pequeño se acaba de tirar la sopa por encima y lo hemos tenido que cambiar entero; la HermanaMayor haciéndose de rogar para que se siente a la mesa (bastante habitual también). Música de fondo, hoy una lista llamada ‘Sin estrés’.



De repente durante la cena, no sé por qué, me pongo a analizar mentalmente a los que estamos en la mesa:

Primero el HermanoMenor, ese pillín, que aunque solo dice algunas palabras sueltas ya lo entiende todo, es un buen elemento… Me encanta cuando le dices que haga algo y le da vergüenza. Me encanta cuando le pides que te dé algo que le gusta mucho y te suelta un NO! (es la palabra que más domina). Me encanta cuando imita a su hermana en TODO lo que hace. Me encanta cuando le damos algo a él y nos señala a su hermana para que también le demos a ella. Me encanta cuando te mira al final del pasillo y sale corriendo para que lo persigas. Me encanta cuando le dices ‘vamos a la calle’ y coge cualquier cosa que tenga ruedas para llevárselo. Me encanta que se haga entender aunque no hable. Me encanta que me busque.

Le sigue la HermanaMayor, respondona, cuadriculada y listilla aunque inocente y buenaza, encandila a cualquiera… Me encanta poder mantener una conversación con ella. Me encanta que de repente empiece a hablar de algo que no tiene nada que ver con el momento. Me encanta que nos ‘dé lecciones’. Me encanta verla disfrutar en la piscina. Me encanta ver cómo se le ilumina la cara cuando le das una sorpresa. Me encanta lo mucho que quiere a la gente de su entorno. Me encanta lo mucho que quiere a su hermano. Me encanta bailar con ella. Me encanta leerle cuentos. Me encanta su expresividad.

Ya por último, la SuperMami, una mamá -cansada- agotada deseosa de tener un momento libre para ella sola pero que luego se puede sentir culpable mientras lo está disfrutando… Me encanta ver cómo quiere a sus hijos. Me encanta ser su cojín. Me encanta masajearle los pies. Me encanta que me moleste. Me duele encanta que me haga de esteticista. Me encanta la complicidad que tenemos. Me encanta que me llame al trabajo para... nada en especial. Me encanta preparar viajes con ella. Me encanta viajar con ella. Me encanta tener momentos con ella. Me encanta que sea la madre de mis hijos y a ellos también les encanta.
 

¿Sabéis de qué me di cuenta? 

Me encanta mi familia.


jueves, 3 de marzo de 2016

Nadie dijo que fuera fácil

Desde que somos pareja siempre hemos tenido que luchar demasiado mucho por conseguir cosas que la mayoría de gente de nuestro entorno conseguía sin demasiado esfuerzo.




Nos costó mucho poder tener un hogar. Nos costó lo nuestro tener trabajos dignos. Nos costó convertirnos en padres, primero con un susto y después con la desesperación al ver que el embarazo no llegaba. Nos costó encontrar un buen colegio para la HermanaMayor. Hemos tenido problemas con los vecinos. Hemos tenido problemas con nuestro casero. Nuestros hijos son de carácter fuerte: una Alta Demanda y el otro con un genio que es difícil de controlar. Nos cuesta ser buenos padres. Nos cuesta no gritar, no enfadarnos. Nos cuesta ser pareja.

No se trata de envidia por la vida de los demás, ni mucho menos. Más bien es una sensación de injusticia hacia nosotros. No nos importa que la vida nos ponga retos, pero a nadie le amarga un dulce... nos gustaría que algo fuera fácil. Nos lo merecemos.

Es nuestro sino, nuestra vida y me temo que no va a cambiar. Vivir luchando por todo es muy cansado y, por mucho que uno esté acostumbrado a afrontar todo lo que se le viene encima, agota. Y así andamos: Agotados.

Todo nos cuesta todo mucho, pero todo lo acabamos consiguiendo o superando. Y la época en la que estamos ahora no iba a ser menos. Este no es un post para lamentarme ni para compadecernos. Es un post para darnos ánimos, para ser positivos, para mirar con ilusión hacia delante. Para seguir tirando, como siempre hemos hecho. Como hemos de seguir haciendo.

Al final acabamos consiguiendo nuestros objetivos; ¿que nos cuesta más esfuerzo que a otros? Puede ser, pero así el disfrute por haberlo conseguido también es mayor. Echar la vista atrás y ver que has superado un nuevo reto es reconfortante. Para comprobarlo solo hay que observar lo que tenemos actualmente tras no pocos contratiempos: Unos trabajos aceptables (viendo como está el patio...), un hogar, una familia (la mejor :P) y, lo que es más importante, dos hijos fantásticos y apasionantes.

Yo creo que no nos podemos quejar :D




Nos toca seguir luchando, nos toca seguir avanzando. Como siempre.


martes, 19 de enero de 2016

Colecho... ¿Bueno o malo?

 
¿Duerme con vosotros? No os lo vais a poder sacar de la cama nunca.
 
Esta frase no es extraña para aquellos padres que practicamos el colecho. En el post de hoy os voy a explicar un poco nuestra experiencia: con la HermanaMayor (ya más que pasada) y con el HermanoMenor (en pleno proceso).
 
Diferentes alternativas de colecho :P
 
 
Os puedo decir, basándome en nuestra propia experiencia, que la afirmación con la que empiezo el post no es cierta; practicamos el colecho con nuestra hija mayor (4 años) y ahora mismo, mientras escribo, duerme plácidamente en su habitación, en su cama, sola, y todo ello sin crisis ni traumas de por medio.
 
El otro día aparecía un artículo escrito (este) en el que explicaba por qué era mejor no hacer colecho y se armó un poco de revuelo en las redes sociales, al que me sumo yo con este post. Una de las razones que más llamaba la atención de ese artículo es que precisamente hay multitud de beneficios demostrados (tenéis ejemplos aquí) y hasta la UNICEF lo recomienda.
 
En casa siempre lo hemos practicado. Desde el primer día que somos padres. Y estamos vivos… cansados pero vivos. Al final, lo que importa realmente es que todos podamos descansar, y si para ello tenemos que dormir juntos, pues dormiremos juntos ¿Qué conseguimos dejando llorar a nuestro pequeño o forzándolo a que se tiene que quedar en su cama si no se siente seguro o necesita tener cerca a sus padres? Básicamente que él pasa un mal rato y que no descansa… ni nosotros.
 
¿Nos gusta practicar el colecho? No nos molesta, aunque es innegable que el hecho de que cada uno duerma en su cama es más cómodo. Cuando el HermanoMenor está con nosotros el que duerme a pierna suelta es él. Nosotros nos agarramos para no caernos de la cama apañamos a su alrededor (o debajo suyo). En cualquier caso tenemos claro que si quiere estar con nosotros es de lo más normal… ya irá durmiendo cada vez más en su cama, tal y como hizo la HermanaMayor en su día.
 
 
 
Así pues, aquellos que tengáis dudas en practicar el colecho no os preocupeis, que no pasa nada. Lo hemos vivido y sí que se pueden sacar de la cama!
 
P.D.: Ah, y no es para tanto lo que he comentado antes; si el pequeño no se despierta mientras está con nosotros no dormimos tan mal :P

viernes, 31 de julio de 2015

Cenas de alta tensión

Sabíamos que íbamos a pasar por algunos momentos 'tensos' con dos pequeños en casa; lo que no nos imaginábamos era que los íbamos a vivir a diario... en las cenas.

¿Verdad que nos ponemos guapos para cenar? :P



Desde que tenemos hijos siempre hemos intentado que la cena sea de la misma forma: todos juntos, sin tele, sin móvil y sin molestias externas (si vale, algún fin de semana nos lo saltamos para cenar viendo alguna serie en pareja...). Es la única comida que hacemos juntos y -se supone- debería ser un momento de concordia y bienestar. Pues no.

Por un lado tenemos al pequeñajo de la casa: Al contrario que su hermana mayor, no es muy flexible en cuestión de horarios y hemos de cumplir los que nos marca.  Saltárselos implica consecuencias como que esté echo polvo y acabe no cenando, que se ponga a llorar a la mínima o, lo que le ha dado por hacer ahora, que grite (fuerte!).

Por el otro tenemos a la HermanaMayor, de la que se supone teníamos superado el trauma tema de las cenas tras un periodo convulso hace algunos meses, pero no, ha vuelto. Fue un espejismo.

Con el pequeño poco podemos hacer: intentar que descanse algo más por la tarde y/o cumplir fielmente los horarios; respecto a la mayor, nos sabemos la teoría al dedillo: que no hay que obligarla, que coma lo que quiera, que no hay que amenazar, bla bla bla. Todo esto es la teoría, pero cómo gestionas esa teoría cuando todas las noches es igual? Evidentemente, un día se puede ir a dormir sin cenar porque no le venga de gusto, esté cansada o lo que sea; lo que no nos acaba de parecer del todo correcto es que adopte esa actitud como algo normal y no quiera cenar ningún día... 

No hace mucho llegamos a la conclusión de que esas situaciones no debían ponernos continuar porque al final se respira un ambiente horrible. Si no quieren cenar, que no cenen. Con el pequeñajo no nos preocupamos en exceso porque habitualmente come bien y aún toma pecho. Con la grande ponemos un temporizador (muuuuy generoso y que a veces va acumulando tiempo en vez de restarlo) y, si llegado el momento no ha acabado, se lo guardamos para el día siguiente. Todo sea por intentar evitar los malos rollos en la cena y establecer un poco de orden.



Tiempo para cenar: 30 minutos (más propina)


Juntando los gritos de uno y las distracciones, despistes, encantamientos y quejidos de la otra, echamos un poco de menos la paz y armonía de la que deberíamos estar disfrutando durante la cena, ese momento que hemos decidido que sea solo familiar, sin interrupciones.

¿Vosotros vivís alguna situación parecida a esta o vivís en nubes de algodón, todo es maravilloso y me vais a dar envidia?

Ojo! Que no son todas las noches así... a veces se alinean los astros y conseguimos que el pequeñajo cene contento y que la HermanaMayor esté de buenas y cene en un santiamén y entonces, sí, aparece la concordia familiar y en lugar de gritos de uno, quejidos de la otra, comentarios de los padres (te vas a ir a dormir sin cenar...), se escuchan risas, se explican cosas del día y todo es de color de rosa. Podría ser siempre así, no?


jueves, 9 de julio de 2015

¿Dos hijos dan el doble de trabajo que uno?

De aquí a poco más de dos meses hará ya un año que somos papás de dos... El tiempo pasa rapidísimo y muchas veces parece que no da tiempo a disfrutar de determinadas situaciones porque vamos tan de bólido que, cuando te das cuenta, algunas ya han pasado... Dicen que la manera de hacer que el tiempo no pase tan rápido es ir cambiando las rutinas, pero con dos niños pequeños eso se complica.

Muchas veces me he hecho la pregunta que da título a este post: ¿Dos hijos dan el doble de trabajo que uno? Después de haber pasado estos meses, creo que la respuesta es NO.

Evidentemente tenemos poco tiempo libre y vamos bastante de culo, sobretodo porque ahora hay que tener en cuenta dos ritmos: El de la hermanamayor, que aguanta lo que le echen (o no tanto) y el enano, que como se salte una siesta o cene algo más tarde de su hora nos lía el espectáculo. 

Queramos o no, el ritmo de vivir con niños pequeños en casa ya lo tenemos; pocas cosas son totalmente nuevas y la mayoría de situaciones son un poco continuar con la inercia que llevamos desde la llegada a nuestras vidas de un bebé, hace ya casi 4 años.

Tenemos muy por la mano determinadas tareas, y ahora lo único que hemos tenido que hacer con la llegada del último miembro de la familia ha sido incorporarlo a ellas. Por ejemplo, antes bañábamos a una niña sola; ahora los bañamos a los dos a la vez ¿Se tarda el doble? Por supuesto que no. Antes teníamos que dar la cena a una personita; ahora una cena sola (ejem) y al otro se la damos mientras la grande está en ello. Y así con muchas cosas más de nuestro interesantísimo día a día.

No obstante, esto no quita que no tengamos prácticamente ni un minuto libre hasta que se acuestan ni que consigamos salir de casa a una hora razonable cuando tenemos que ir a algún sitio, pero tampoco hemos duplicado tiempos :P

Nos hemos dado cuenta de otra cosa: Hay alguien que tira mucho del carro y hace que el tiempo pase aún más rápido; la princesa de la casa desprende energía por los cuatro costados y entre la atención que reclama (que se ha visto incrementada aunque no pareciera posible) desde que está su hermanito y que no podemos (ni queremos) dejar de hacer cosas para ella por ser la hermanamayor, el pequeñajo va a remolque... Pero no, no es el doble de trabajo.

¿O sí?

¿Qué opináis aquellos que tenéis más de un hijo? ¿Y los que no, es creíble lo que digo? :P

viernes, 3 de julio de 2015

Los niños y los animales

Poco antes de casarnos nos rondaba por la cabeza tener un animal de compañía... valoramos las diferentes opciones y lo que más nos encajaba era un gato. Un día, mientras estábamos en casa de un familiar de la supermami, nos regalaron un gatito que tenía apenas 3 semanas.


Así era a los pocos días de llegar a casa

Nos lo llevamos a casa y aquí sigue, 9 años después (y todo ello habiendo descubierto la mami que es muy alérgica a los gatos... ). No somos capaces de quitárnoslo de encima por eso; tomando determinadas precauciones es suficiente.

El tiempo fue pasando y llegó la HermanaMayor (por aquel entonces, hija única y princesa de la casa). Como la gata formaba parte de nuestra familia, seguimos los rituales recomendados para 'prepararla' para la llegada del bebé (aquí unos ejemplos); no sé si lo sabéis, pero los gatos, a diferencia de los perros, muchas veces no son amigos de los niños... La adaptación de la gata (el bebé pobre ni se enteraba) consistía en mirarla durante horas y venir a maullarnos si la escuchaba llorar. Yo creo que pensaba qué era eso tan pequeño que solo lloraba :P

Con el enano la cosa ha sido algo diferente. Digamos que la gata ya estaba 'curada de espanto' y ha pasado bastante de él; ella es feliz poniéndose en mi tripa por las noches y tomando el sol en la terraza.

Cuando los dos pequeñajos, cada uno en su momento, fueron tomando consciencia del mundo que les rodeaba, hubo un momento en que la descubrieron: una bola de pelo que se movía! Qué divertido!

Con la HermanaMayor ya nos queda algo lejos el recuerdo de sus interacciones diarias, aunque se han quedado algunas imágenes grabadas; siempre nos acordamos de una vez, cuando faltaba poco para que cumpliera un año, que la gata estaba en su camita al pie del sofá y la pequeñaja se puso a su lado y, ni corta ni perezosa empezó a acariciarla (le metía unos buenos tortazos) diciéndole BAAAAAAPA (guapa); la gata aguantaba el chaparrón con cara de resignación...


Jugando con la gata... creo que ella no se divertía tanto

Lo que estamos viviendo ahora con intensidad es la pasión que siente el enano por la gata; ya puede estar llorando, entretenido, con la mama o con el papa, que como la vea se pone frenético, a reir y a gritarle y ya no existe nada más en el mundo. La otra hace como si no lo oye... Siempre digo, medio broma, medio en serio, que el ránking de preferidos del enano es: Gata, mama, hermana y luego ya si eso, yo :P.


Aprovechando que no está la dueña...

Hay numerosos estudios que dicen que vivir con animales es muy beneficioso para los niños pequeños (ejemplo); a mi no me hace falta ningún estudio; solo tengo que ver a los dos pequeñajos como disfrutan y tratan a la gata (trato fantástico que normalmente es correspondido con un golpe con la pata -déjame-, un minimordisquito inofensivo -déjameeeee- o una huida por la tangente cuando se ve acorralada).


Qué vida más dura

También he escuchado alguna vez que hay gente que se quita los animales de encima cuando van a entrar niños pequeños en casa por miedo a parásitos, enfermedades o posibles peligros (los gatos incluso durante el embarazo por el riesgo de toxoplasmosis); no creo que tengan razón de ser. Muchos estudios también demuestran que los niños que viven con animales son menos alérgicos (ejemplo 1 y ejemplo 2) y, salvo contadas excepciones de especies peligrosas, los animales son lo suficientemente listos como para saber que tienen delante un minihumano al que no deben hacerle daño.

Nuestra gata, pese a no ser amiga de nuestros hijos, los defiende y se preocupa por ellos: viene si los oye llorar mucho o nos viene a avisar si ve que no los atendemos... Es un ni contigo ni sin ti.

¿Vosotros tenéis animales? ¿Qué haríais si vuestros hijos os pidieran uno?

Por cierto, a que es bonica nuestra gata? :)






miércoles, 17 de junio de 2015

La ronda nocturna

Desde que tengo los dos blogs (¿No sabes que tengo dos? Uno es en el que estás y el otro lo puedes consultar aquí) me voy a dormir tarde: El trabajo, las cuestiones diarias de casa y los dos mocosos que ocupan nuestras vidas no dejan mucho más tiempo que el rato de después de cenar para dedicar a escribir algunas líneas.

Tras cenar, acostar a los pequeñajos (unos antes que otros) y recoger los bártulos de la batalla campal (también llamada cena), llega el momento de la calma. Se agradece después de los intensos días en los que vivimos.

La mayoría de los días al poco rato de acabar las tareas la supermami también se va a dormir (madruga mucho!), así que nos quedamos a solas la gata (que está deseando que me siente en el sofá para echarse encima mío) y yo, portátil mediante.

Todo queda en silencio. A veces ese silencio se rompe por algún despertar incómodo del más pequeño de la casa. Yo voy haciendo, hasta que el cuerpo dice basta (y acabo encontrando frases ininteligibles escritas con los ojos cerrados) o hasta que la mente me obliga a dejarlo estar e ir a descansar (no te obsesiones, nunca vas a acabar lo que tienes pendiente, me digo a mi mismo).

Es en ese momento en el que llega lo que me gusta llamar 'La ronda nocturna'. Tras apagar los trastos me dirijo hacia la cocina apagando todas las luces que voy dejando atrás. Traguito de agua (fresca, siempre fresca) y, con la única iluminación de la linterna del móvil, subo las escaleras.

Primera parada: La habitación del enano. Si todo está en orden, me lo encontraré en su habitación; un día estará boca arriba, otro día boca abajo y otro día de lado: se mueve mucho (dicen que como su padre). Siempre, no obstante, con la carita de paz que un padre podría quedarse horas mirando... Acabo la primera parada arropando al pequeñajo si la temperatura lo requiere (no me lo he encontrado nunca tapado :P).

Segunda parada: La habitación de la #HermanaMayor. Otra 'marchosa' en la cama que me puedo encontrar en cualquier posición. No es raro verla en horizontal, con las piernas colgando (o la cabeza alguna vez) e incluso del revés; es sorprendente, hace poco más de dos horas que se ha ido a dormir y ya ha hecho unos cuantos largos... no me extraña que en alguna ocasión se haya caído de la cama. Para evitar riesgos, la devuelvo a su posición tradicional intentando que no se asuste y la arropo. shhhh...

Parada final: La súpermami, si no tiene la visita del pequeñajo porque estaba inquieto, me la encontraré normalmente en la misma posición que siempre; ella no se mueve tanto :P. Si hemos tenido visita en la cama y el visitante está durmiendo, me llevaré al pequeñajo a su cama; con lo que se mueve, todos descansamos mejor si cada uno está en su cama (aunque no nos importa que nos haga compañía).

Me estiro, apago la linterna del móvil.

Buenas noches, me voy a hacer la ronda nocturna ;)

martes, 12 de mayo de 2015

Diversión en las escaleras

El título de este post parece un poco un sinsentido viniendo de un blog de paternidad, verdad? Siempre se relacionan las escaleras y los niños con posible riesgo y yo hablo de diversión en ellas... Ahora os cuento, que todo tiene su explicación.

Si hay una persona con la que el enano se ríe a las primeras de cambio es con su hermana. Es alucinante las carcajadas que puede llegar a soltar cuando la #hermanamayor le hace cuatro tonterías (o a veces ni eso, solo con acercarse!).

Hace casi un año, cuando estaba cercana la llegada del pequeñajo de la familia y aprovechando que el colegio al que le tocaba ir la grande estaba lejos de donde vivíamos, nos mudamos. Alquilamos nuestro piso (propiedad que compartimos en un amplio porcentaje con el banco) y buscamos uno de alquiler. Al final encontramos un dúplex que nos encajaba bastante (sin que lo buscáramos expresamente) y cumplía nuestras expectativas en gran medida. Y como bien sabéis, en los dúplex hay escaleras...




Nunca nos habríamos imaginado que los desplazamientos por las escaleras que van a la planta de arriba nos fueran a hacer reír tanto. Desde que el pequeñajo era muy bebé (ni que fuera ahora tan grande!) se produce un curioso fenómeno, sobretodo subiendo... Siempre que la #hermanamayor sube delante de él y le hace cuatro carantoñas, las escaleras se convierten en un festival del humor sin fin; el enano riéndose a carcajada limpia, sin parar; nosotros, babeando cual babosas subiendo las escaleras y más felices que unas perdices, y la causante de todo, la princesa de la casa, crecida ante el fervor de su reducido público que responde tan efusivamente sus payasadas.

Ahora que el pequeñajo ya es un poco más consciente de las cosas, hasta se prepara cuando vamos hacia las escaleras... y llama a su hermana si va distraída y no le dice nada!

En fin, que pese a que hay que tener cuidado con las escaleras, quién nos iba a decir que nos íbamos a divertir tanto subiendo (y a veces bajando) las escaleras de un dúplex. Y la gente que nos decía que nos íbamos a hartar de subir... así es imposible! Lo más curioso de todo es que bajando las escaleras no tiene el mismo efecto y, pese a que baja alegre en nuestros brazos, ni con las animaciones de su hermana se produce el espectáculo... ¡Cómo nos gustaría saber qué es lo que le hace reír así!

Igual cuando sean más grandes cambiamos el sentido de la diversión con esto:



Tiene pinta de ser divertido, incluso para nosotros :P

martes, 3 de marzo de 2015

Cambios de ritmo en casa

El tiempo cuando tienes un hijo pasa muy rápido... cuando tienes dos, ni te cuento.

El pequeñajo ya tiene cinco meses y medio, lo que significa que lamentablemente la insuficiente baja de maternidad y todos sus posibles propinas han llegado a su fin. Entre las 16 semanas del permiso oficial, las vacaciones del 2014 y las horas de lactancia agrupadas, mi mujer ha conseguido alargar el tiempo para estar con el pequeñajo hasta los cinco meses y una semana. De todas formas en este post no voy a entrar a juzgar el tema de la baja maternal (y de la paternal ni hablamos) porque el tema ya está muy pero que muy tratado en multitud de sitios.

Lo que nos toca a nosotros ahora, con la ayuda de los abuelos (menos mal) es hacer encaje de bolillos para, por una parte, cubrir las horas en las que no podemos atender a nuestros pequeños y, por otra, intentar no romper horarios cuando sí estamos con ellos... y con las tareas de casa acechándonos (parece que se multiplican!).

Por un lado le ha tocado a la mami (y le sigue tocando) hacer reserva de leche materna para que el enano tenga el suficiente sustento para las horas en las que su alimento está lejos. Pese a que lo recomendable es hacer lactancia exclusiva hasta los 6 meses (no me salen los números... 6 meses lactancia exclusiva, 16 semanas de baja... ) hemos introducido ya una pequeña cantidad de papilla de cereales tras consensuarlo con la pediatra. No nos queda otra si queremos que las reservas lácteas aguanten algo más de tiempo.

Por otro lado, la ayuda de los abuelos nos cae como mano de santo. El poder contar con ellos para que lleven a la HermanaMayor al cole y se puedan hacer cargo del pequeñajo hasta que la mami llegue de trabajar nos permite estar algo más tranquilos. De todas formas, esta situación no evita el pinchazo de rabia por tener que recurrir a estas situaciones. Tampoco nos haría mucha gracia tener que llevar al pequeñajo a la guardería a esa edad... pero esto lo trataré en otro post.

Por las tardes, cuando ya estamos todos en casa, todo gira en torno al reloj y a esos segundos que pasan a velocidad de vértigo; en pocas horas hay que jugar un rato, preparar cenas, comidas del día siguiente, baños (individuales y/o compartidos), ver algo la tele, cenar y todo eso sin que la HermanaMayor se vaya más tarde de las 21.00 a dormir (luego toca cuento)... La cosa se complica cuando hay alguna actividad extraescolar: los dos, por separado y en días separados, van a la piscina...

No obstante, es lo que toca! Hay que tener pensamiento positivo y tener en cuenta que seguramente, en no muchos años, echaremos algo de menos este estrés de vida, así que tocará disfrutarlo, no?

¿Quién dijo miedo? :)

jueves, 23 de octubre de 2014

Un nuevo miembro en la familia: La reacción de la hermanita grande

Podemos decir que desde el primer día que la recién estrenada hermanita grande vio a Oriol vive enamorada de él... Hasta el punto de llorar en el hospital cuando se lo llevaron a hacerle la prueba del oído. Siempre que no lo ve cerca, o va su madre a buscarla al colegio sin él, lo primero que quiere saber es dónde está su hermanito.

Ahora que ya llevamos algo más de un mes conviviendo juntos voy a hacer un poco de retrospectiva en cómo ha gestionado ella la llegada del nuevo miembro de la familia.

Al hecho de tener un nuevo hermanito hay que añadir dos cambios importantes más en su vida: Empezó el 'cole dels grans' (Educación Infantil) justo dos días después de tener el título de hermana grande y un mes y algo antes, nos mudamos a un piso más grande. 

Si ya dicen que no es muy recomendable hacer más de un cambio brusco a la vez, la pobre ha recibido ración triple. Y tampoco es que lo haya llevado muy mal, no nos podemos quejar. Ella ha hecho lo que ha podido (qué le vamos a pedir, si tiene -ahora- solo 3 añitos!).

Durante estas semanas ha tenido (y tiene, aunque ya menos) sus momentos de explosión, poniendo de manifiesto su potente carácter; también ha tenido (y tiene, aunque ya menos) momentos en los que la sensibilidad ha estado a flor de piel y cualquier situación y/o comentario acababa en un lloro desconsolado. Aunque no han sido muy habituales, parece que tanto la intensidad como la frecuencia van disminuyendo... Habrá que esperar a ver si cambia la situación cuando el pequeñajo empiece a interactuar más, en todos los aspectos. 

Por suerte para todos, el pequeñajo duerme bastante (igual es lo que le toca, pero como la señorita esto no lo hacía nos parece mucho :P) y eso nos permite dedicar a la grande la atención a la que ella está acostumbrada; intentamos que siga así tanto por parte de mi y de la mami.


¿Cómo intentamos ayudarla para llevarlo mejor?

Una de las cosas que teníamos claras en nuestra forma actuar cuando llegara el pequeño era dejarla participar mucho en el cuidado de su hermanito: nos ayuda a cambiarlo, a bañarlo, a despertarlo (ejem, igual esto no sería necesario) y le dejamos que le acaricie y lo achuche bastante (quizás demasiado? Pobre pequeñajo, como se acuerde de todo...). Si fuera por ella se estaría todo el día dándole abrazos y besitos. 

Otra de las cosas que intentamos cumplir, aunque ahora sea más complicado, es continuar haciendo cosas con ella tanto su mami como yo, de forma complementaria: Intentamos que cada día sea uno de nosotros la que la lleve a dormir y le explique un cuento (y esto a veces me supone tener que encerrarme en la cocina con el pequeñajo cantando por soleares; os podéis imaginar el éxito que tengo muchas veces cuando solo se calma en una teta...), intentamos bañarla los dos (aunque lo hago más yo porque logísticamente nos es más sencillo), intentamos ser los dos, por separado, los que la llevemos y/o la recojamos del colegio (siempre que no lo hagamos juntos)... Además, procuramos siempre cenar todos juntos (y esto implica a veces, que los 4 estamos cenando a la vez, cada uno lo suyo). En resumen, intentamos seguir haciendo lo que hacíamos cuando ella era la única princesa de casa. Un momento, si aún lo sigue siendo! ahora tenemos una princesa y un príncipe ;)

Parece que de momento la situación está bajo control. Disfrutaremos el momento por si se complica más adelante ;)

jueves, 9 de octubre de 2014

Primeros días con el hermanito: La experiencia es un grado


Hace ya algo más de tres semanas que somos 4 (y el gato) en la familia.


Creo que ya podemos hacer algo de balance... ¿Qué tal nos va todo? 


Pues razonablemente bien; de hecho, bastante mejor de lo que nos pensábamos. Antes de que naciera el enano, en multitud de ocasiones nos decíamos a nosotros mismos que si no era peor que la pequeñaja (ahora convertida en hermana grande) ya nos podíamos dar con un canto en los dientes, y el balance hasta ahora es fantástico! Nuestras plegarias se han hecho realidad :P (o es eso que dicen que siempre toca 'uno de cada'?).


No obstante, nos hemos dado cuenta que la experiencia es un grado y que, ante ciertas situaciones que con la pequeñaja gestionábamos de forma tensa (e inexperta, claro), ahora todo es mucho más tranquilo, con decisiones más racionales y, normalmente, sabiendo cómo actuar. Evidentemente, el enano ayuda porque se porta de vicio (su hermana llega a decir que quiere que esté despierto, que siempre duerme), pero nosotros también notamos que nuestra actitud es mucho más relajada, lo que acaba haciendo que todo fluya con mucha más tranquilidad.


La experiencia adquirida con un primer hijo ayuda mucho, y si, como en nuestro caso, el primer hijo es una enana de las llamadas Bebés de Alta Demanda, la gestión de las distintas situaciones con un bebé de Demanda 'Normal' cambian bastante :).


Seguro que llegarán situaciones de tensión y de agobio, pero como de momento no las estamos teniendo, vamos a disfrutar el día a día; cuando lleguen esos momentos, ya los gestionaremos como mejor podamos.

martes, 23 de septiembre de 2014

Crónica de un parto: Llega el hermanito, corre que no llegamos al hospital!

Sábado 13 de septiembre; a un día de que el nuevo integrante de la familia hiciera acto de presencia (según la previsión hecha por el ginecólogo).

Pasamos el día de una forma normal e hicimos cosas similares a las que hacemos habitualmente; ya por la tarde la mami no se encontraba demasiado bien, así que nos imaginábamos que el pequeñajo iba a ser puntual... Nada más lejos de la realidad!

Habíamos quedado con unos amigos para cenar en casa (nada complicado, unas pizzas); durante la cena, y mientras los pequeños jugaban y ponían todo el piso patas arriba, la cosa empezó a animarse y comenzaron las primeras contracciones. Al poco rato aumentaron en intensidad y frecuencia y fue cuando por propia iniciativa de nuestros invitados decidieron irse (la mami no quería que se fueran, aún quedaban los postres! jaja).

Justo cuando se iban y, aprovechando que la enana aún estaba despierta, llamamos a los abuelos para que la vinieran a buscar y se la llevaran... se veía claro que esto ya iba en serio.

Una vez se llevaron a la enana, acabamos de coger algunos bártulos y salimos pitando hacia el hospital, ya con contracciones cada dos minutos, o menos. Y hacía menos de 15 minutos que estábamos cenando tan 'tranquilamente'!

De camino, la mami ya tenía contracciones muy muy intensas y, para colmo, rompió aguas en el coche! Y ella preocupándose porque se había mojado el asiento jajaja.

Llegamos al párking del hospital y nos enviaron rápidamente hacia la planta de maternidad, ayudados por un vigilante de seguridad que nos dio prioridad en el ascensor y nos ayudó a llevar trastos... cuando llegamos, avisé de que todo iba muy rápido; nos llevaron a una sala de partos y dieron instrucciones a la mami para que se desvistiera y pusiera la bata...

Al salir del vestuario la mami empezó a decir que el bebé ya llegaba, pero que quería la epidural. Las enfermeras y/o comadrona se lo tomaron un poco a broma, ya no había tiempo de nada! Justo antes de estirarse en la camilla la mami avisó que el bebé ya estaba saliendo; las allí presentes le quitaron un poco de importancia... hasta que comprobaron que sí, ya estaba viniendo. A los 5 segundos el bebé ya estaba fuera!

La mami se estiró en la camilla, haciendo el piel a piel y el ambiente en la sala de partos se relajaó bastante... no había podido sacar ni la cámara de fotos :P

Comprueban que el bebé y la mami están en perfecto estado y comienzan las curas, que son pocas, afortunadamente.




Durante este proceso una enfermera dijo la frase que para mi resume todo el parto:

"¿Alguien ha mirado la hora?"

Decidimos por consenso poner que el principito de la casa vino el día 13 de septiembre a las 23.55... se adelantó 5 minutos a la fecha prevista :)

Antes de la 1 ya estábamos en la habitación instalados: la mamá y el bebé haciendo el piel a piel y yo deshaciendo bolsas, ordenando trastos y haciendo alguna que otra foto. Y pensar que hacía unas 2 horas estábamos en casa con unos amigos... si nos hubiéramos comido un helado, no habríamos llegado al hospital (qué horror!)


Ahora, empieza una nueva aventura!


viernes, 19 de septiembre de 2014

Ya estamos todos! Somos uno más y estamos contentísimos!

Pues ya está aquí... vino más que puntual el señorito Oriol. Tan puntual que se adelantó 5 minutos a la fecha prevista de parto.

Todo fue muy rápido e intenso; os lo contaré en otro post.




Desde aquí nos gustaría agradecer a los abuelos la ayuda que nos han dado quedándose con la enana durante estos días.

La enana, ahora ya reconvertida en hermana mayor, está que no cabe en si de felicidad. Lo primero que me dijo cuando la fui a buscar para darle la noticia de que su hermanito ya había salido de la barriga de su madre fue: 'El podré agafar?' (Lo podré coger?). Si fuera por ella, desde que lo vio estaría con el pequeñajo todo el día encima y dándole besos.. se queja cuando duerme tanto (pero si no sabes lo que dices, eso es una bendición! - Ella fue una bebé de alta demanda -) y nos cuesta un poco hacer que lo deje 'tranquilo' sin que parezca que queremos apartarla.




Llevamos unos tres días en casa y aún estamos todos adaptándonos un poco a esta nueva situación (y al comienzo del cole de la grande, por si fuera poco); no obstante, estamos todos encantados!

A partir de ahora, comienza una nueva aventura... quizás debería cambiar el nombre del blog :P