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jueves, 23 de febrero de 2017

Copiando comportamientos

Hace algunas semanas (meses, creo) que os hablaba de predicar con el ejemplo porque al final los padres somos la referencia para nuestros hijos… Hoy os voy a hablar de algo que vengo observando hace algún tiempo y que va bastante relacionado con esto: Copiar comportamientos.

A veces es como verse reflejado...

No falla, cuando la HermanaMayor le suelta la bronca a su hermano suena irremediablemente familiar a cuando ella las recibe. Lo mismo pasa cuando intenta negociar con él y lo hace de la misma forma que nosotros aplicamos con ella (Si a nosotros no nos funciona siempre a ella menos porque es un cabezón muy pequeño).

jueves, 24 de noviembre de 2016

Hermanos: Ni contigo ni sin ti

Es curioso ver la relación de los hermanos desde la perspectiva de padre. Tan fácil es que veas un amor incondicional entre ellos como que al poco rato veas un odio irrefenable de uno hacia el otro. Lo más curioso de todo es que se puede pasar de cualquiera de esos estados al otro en cuestión de segundos… Casi sin darte cuenta.



Recuerdo la cara de fascinación de la HermanaMayor cuando vio a su hermano por primera vez, su cara de felicidad inmensa cuando lo tuvo en brazos siendo tan bebé, lo mal que lo pasó cuando se lo llevaron a hacerle algún cuidado… puro amor. Ahora digamos que, ante determinadas situaciones, ese amor incondicional se transforma en un ‘No quiero tenerte de hermano’ o ‘ya no eres mi hermano’. Cómo cambia la cosa… Por suerte dura poco.

El HermanoMenor, por su parte, tiene en su hermana el mayor referente, para lo bueno y para lo malo: Constantemente repite todo lo que hace (o dice) ella, pregunta por ella cuando no está y se alegra mucho cuando la ve. Sin embargo, también es su mayor enemigo; a veces ella le roba a su mamá, su bien más preciado (a su papá también, pero ocurre menos veces), le quita cosas que tiene él o, fíjate tú qué casualidad, ella tiene justo lo que él iba a necesitar en ese preciso instante y tiene que conseguirlo como sea. No hablo de cuando le pega, le tira del pelo ni nada de eso… aunque pase.

Intentamos, en la medida de lo posible, que resuelvan los conflictos ellos solos pero como el HermanoMenor es muy algo manoslargas, normalmente tenemos que intervenir antes de que la haga llorar lleguen a las manos (y normalmente quien pierde es la HermanaMayor). Los celos y las envidias son inevitables, por mucho que intentemos ser igualitarios y que intentemos que ambos tengan las mismas oportunidades.

Es alucinante estar de espectador cuando todo va bien, cuando se dan la mano, cuando se abrazan, cuando comparten las cosas (pocas veces pasa esto) o cuando se preocupan por lo que le ha pasado al otro. Te derrites cuando haces algo con alguno de ellos y, sin pensarlo, tienen en cuenta al que no participa para que también disfrute de ello, de forma natural, de forma innata.

Muchas veces las relaciones entre hermanos se desgastan, se deterioran, se diluyen… y es una lástima, viendo la intensidad con la que lo viven de pequeños. Por nuestra parte no quedará el intentar que eso no pase.

martes, 13 de octubre de 2015

Amor de hermanos

 
Ser padres de dos pequeñajos no te deja ni un rato libre (no quiero ni pensar los que tienen más de dos!), vas de culo todo el día y muchas veces los nervios están a flor de piel preparados para hacer estallar nuestro pequeño universo y 'liarla parda' en cualquier momento.
 
No obstante, no todo es malo; ser padres de dos permite vivir situaciones en los que te derrites por momentos. Una de esas cosas, y para mi de las mejores, es lo que se llegan a querer entre ellos... y eso que solo hace un año que se conocen! Me encanta ver cómo al pequeñajo se le ilumina la cara y se le dibuja una inmensa sonrisa cuando aparece su hermana en escena o cuando le dice alguna chorrada... Solo con su presencia tiene la capacidad de hacerle salir de una situación de lloro desconsolado y transformarlo en sonrisas.
 
Dignas de mención son esas payasadas que le dedica la HermanaMayor al pequeñajo y que éste agradece con sonoras carcajadas, lo que hace que la protagonista de esa improvisada función se crezca aún más, y que el otro se ría más todavía... y al final, pierden el control y muchas veces necesitan de nuestra ayuda para salir de ese círculo vicioso, jajaja.
 
La devoción de la grande por el benjamín de la casa tampoco se queda corta; cuando lo ve tras estar un rato separados (esto es aplicable a cuando han pasado 5 minutos) parece que haga varios meses que no se ven: unos gritos, unos abrazos y una felicidad que muchas veces es excesiva y necesita de cierto control por nuestra parte tras los aspavientos del enano por intentar liberarse de esos abrazos de oso...
 
Ser padres de dos es cansado, agotador, estresante y en muchos momentos nos preguntamos cómo tuvimos la 'genial' idea de meternos en semejante berenjenal, pero cuando ves y disfrutas estas cosas se te olvida... y mola ser padres de dos.

jueves, 9 de julio de 2015

¿Dos hijos dan el doble de trabajo que uno?

De aquí a poco más de dos meses hará ya un año que somos papás de dos... El tiempo pasa rapidísimo y muchas veces parece que no da tiempo a disfrutar de determinadas situaciones porque vamos tan de bólido que, cuando te das cuenta, algunas ya han pasado... Dicen que la manera de hacer que el tiempo no pase tan rápido es ir cambiando las rutinas, pero con dos niños pequeños eso se complica.

Muchas veces me he hecho la pregunta que da título a este post: ¿Dos hijos dan el doble de trabajo que uno? Después de haber pasado estos meses, creo que la respuesta es NO.

Evidentemente tenemos poco tiempo libre y vamos bastante de culo, sobretodo porque ahora hay que tener en cuenta dos ritmos: El de la hermanamayor, que aguanta lo que le echen (o no tanto) y el enano, que como se salte una siesta o cene algo más tarde de su hora nos lía el espectáculo. 

Queramos o no, el ritmo de vivir con niños pequeños en casa ya lo tenemos; pocas cosas son totalmente nuevas y la mayoría de situaciones son un poco continuar con la inercia que llevamos desde la llegada a nuestras vidas de un bebé, hace ya casi 4 años.

Tenemos muy por la mano determinadas tareas, y ahora lo único que hemos tenido que hacer con la llegada del último miembro de la familia ha sido incorporarlo a ellas. Por ejemplo, antes bañábamos a una niña sola; ahora los bañamos a los dos a la vez ¿Se tarda el doble? Por supuesto que no. Antes teníamos que dar la cena a una personita; ahora una cena sola (ejem) y al otro se la damos mientras la grande está en ello. Y así con muchas cosas más de nuestro interesantísimo día a día.

No obstante, esto no quita que no tengamos prácticamente ni un minuto libre hasta que se acuestan ni que consigamos salir de casa a una hora razonable cuando tenemos que ir a algún sitio, pero tampoco hemos duplicado tiempos :P

Nos hemos dado cuenta de otra cosa: Hay alguien que tira mucho del carro y hace que el tiempo pase aún más rápido; la princesa de la casa desprende energía por los cuatro costados y entre la atención que reclama (que se ha visto incrementada aunque no pareciera posible) desde que está su hermanito y que no podemos (ni queremos) dejar de hacer cosas para ella por ser la hermanamayor, el pequeñajo va a remolque... Pero no, no es el doble de trabajo.

¿O sí?

¿Qué opináis aquellos que tenéis más de un hijo? ¿Y los que no, es creíble lo que digo? :P

martes, 12 de mayo de 2015

Diversión en las escaleras

El título de este post parece un poco un sinsentido viniendo de un blog de paternidad, verdad? Siempre se relacionan las escaleras y los niños con posible riesgo y yo hablo de diversión en ellas... Ahora os cuento, que todo tiene su explicación.

Si hay una persona con la que el enano se ríe a las primeras de cambio es con su hermana. Es alucinante las carcajadas que puede llegar a soltar cuando la #hermanamayor le hace cuatro tonterías (o a veces ni eso, solo con acercarse!).

Hace casi un año, cuando estaba cercana la llegada del pequeñajo de la familia y aprovechando que el colegio al que le tocaba ir la grande estaba lejos de donde vivíamos, nos mudamos. Alquilamos nuestro piso (propiedad que compartimos en un amplio porcentaje con el banco) y buscamos uno de alquiler. Al final encontramos un dúplex que nos encajaba bastante (sin que lo buscáramos expresamente) y cumplía nuestras expectativas en gran medida. Y como bien sabéis, en los dúplex hay escaleras...




Nunca nos habríamos imaginado que los desplazamientos por las escaleras que van a la planta de arriba nos fueran a hacer reír tanto. Desde que el pequeñajo era muy bebé (ni que fuera ahora tan grande!) se produce un curioso fenómeno, sobretodo subiendo... Siempre que la #hermanamayor sube delante de él y le hace cuatro carantoñas, las escaleras se convierten en un festival del humor sin fin; el enano riéndose a carcajada limpia, sin parar; nosotros, babeando cual babosas subiendo las escaleras y más felices que unas perdices, y la causante de todo, la princesa de la casa, crecida ante el fervor de su reducido público que responde tan efusivamente sus payasadas.

Ahora que el pequeñajo ya es un poco más consciente de las cosas, hasta se prepara cuando vamos hacia las escaleras... y llama a su hermana si va distraída y no le dice nada!

En fin, que pese a que hay que tener cuidado con las escaleras, quién nos iba a decir que nos íbamos a divertir tanto subiendo (y a veces bajando) las escaleras de un dúplex. Y la gente que nos decía que nos íbamos a hartar de subir... así es imposible! Lo más curioso de todo es que bajando las escaleras no tiene el mismo efecto y, pese a que baja alegre en nuestros brazos, ni con las animaciones de su hermana se produce el espectáculo... ¡Cómo nos gustaría saber qué es lo que le hace reír así!

Igual cuando sean más grandes cambiamos el sentido de la diversión con esto:



Tiene pinta de ser divertido, incluso para nosotros :P