Mostrando entradas con la etiqueta niños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta niños. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de enero de 2016

Querido papá, me van a llamar puta

Ya estoy de vuelta tras el parón navideño (totalmente improvisado) y vuelvo con un tema polémico que se ha hecho muy popular en las redes sociales durante las últimas semanas.
 
 
 
 
Este vídeo se ha hecho viral; es posible que lo hayáis visto… y es bastante probable que al hacerlo os haya generado alguna reacción; o la que pretende u otra. En mi caso, como padre tanto de una niña como de un niño me ha tocado la fibra porque lo que sufre esta chica es una situación que me ha pasado alguna vez por la cabeza. Es inevitable pensarlo: Pasa demasiado.
 
Mucha gente dice al ver este vídeo dice que es exagerado y posiblemente lo sea, pero a veces necesitamos que las cosas se lleven al extremo para que nos pongamos alerta. Evidentemente, alguien que haga determinados comentarios o sea un bromista con las mujeres (por ser delicado en la definición del personaje) no va a ser siempre un maltratador o un violador. Por supuesto que no será así (más faltaría), pero es muy posible que aquel que lo acabe siendo haya visto y/o hecho multitud de veces esos comentarios. Es por eso que hay que educar a los hijos varones en el respeto hacia las mujeres y en un trato igualitario, sin que para ellos sea habitual ‘meterse con ellas’ porque a la larga puede tener consecuencias negativas.

 
 
 
Por otro lado también hay que educar a las niñas como lo que son: personas de igual condición que un niño y hemos de eliminar el estigma de que las mujeres son más débiles. Muchos padres y madres mantenemos una lucha feroz (y totalmente desproporcionada) por eliminar el sexismo en todos los ámbitos de la sociedad… si ésta enseña que las mujeres son más débiles que los hombres es lo que muchas niñas se van a creer. Y eso no es admisible ni tolerable.

¿Qué opináis del vídeo y del tema que trata? ¿Lo habíais visto por las redes sociales?
 

martes, 24 de noviembre de 2015

Rosa y Azul

Para las niñas el rosa, para los niños, el azul. Las niñas muñecas, los niños coches. Las niñas Frozen, los niños Cars. Las niñas princesas, los niños guerreros… Podría estar así un buen rato más pero creo que ya se ha entendido la idea.



En casa, por suerte o por desgracia, tenemos una niña y un niño y nos es muy habitual escuchar comentarios del estilo a ‘No tienen nada que ver un niño y una niña, son muy diferentes’ (Incluso los hemos llegado a decir nosotros!). Vamos a ver, no sería mejor decir que son las personas las diferentes entre ellas y no tanto su género? En cualquier caso, y suponiendo que un niño y una niña fueran taaaaan diferentes tampoco es necesario que la sociedad haga la brecha más grande aún, no creéis?

Nosotros, como padres, mantenemos una lucha silenciosa contra una buena parte de la sociedad intentando no ser sexistas, y os puedo asegurar que es muy difícil: Por ejemplo, fomentamos el uso de juguetes de cualquier tipo, tanto para la HermanaMayor (a la que le compramos en su día coches y muñecas indistintamente -ahora ya no es tan fácil-) como al pequeñajo (que al recibir la herencia de su hermana tanto juega con muñecas como con coches o cocinitas). Pese a que muchas veces nos toca comprar cosas de Frozen pasar por el aro , intentamos que, sobretodo la mayor, no viva condicionada a ‘esto es de niñas y esto de niños’... y me temo que no siempre lo conseguimos. Con sus cuatro años ya hace tiempo que ve el rosa de niñas y el azul de niños, y os puedo asegurar que no es porque nosotros lo fomentemos; es lo que ve y oye por todos sitios.

La sociedad y el consumismo que nos rodea no pone nada fácil el escapar de este círculo vicioso: vivimos rodeados de cosas femeninas y masculinas en juguetes, en dibujos y películas y, por supuesto, en ropa (y sí, entiendo perfectamente que los niños no lleven vestido). Mirad, un ejemplo claro es una gran cadena de material deportivo (si queréis más pistas, comienza por DECA… y acaba por THLON), aunque, faltaría más, no es la única: pese a que tiene muchas prendas que para los niños son de lo más adecuado, con -normalmente- muy buen precio y una calidad más que aceptable, es de los lugares más sexistas que encontramos y uno de los que más intentamos evitar: Si quieres ropa de niña lo más habitual es que puedas escoger entre el rosa y, si tienes suerte, el lila. Por otro lado, si quieres ropa de niño puedes escoger entre varios tonos de azul y a veces también hay verde. Nunca se les ha pasado por la cabeza a los diseñadores que pueda no gustar uno de esos colores? O quizás el problema es que sí que se les ha pasado y es una estrategia de márketing? No os penséis que esto solo les pasa a ellos… echad un vistazo a cualquier gran superficie y, de forma rápida, podréis identificar la zona de niñas: es todo rosa. Ya ni me meto a comentar esos ‘centros de belleza’ para niñas en las que las tratan como princesas en los que todo es absolutamente rosa... Ya tendrán tiempo de ir cuando sean mayores. Si quieren.

Ropa rosa... y azul


Queremos igualdad, queremos avanzar en temas de discriminación sexual, acabar con los micromachismos pero no hacemos más que repetir lo mismo una y otra vez: Diferenciar más de la cuenta lo masculino de lo femenino. Una sociedad que sigue apostando por dar esa imagen a cada uno de los géneros no está avanzando. Al contrario. En cambio, cuando alguien hace algo diferente, como las jugueterías ToyPlanet con su catálogo no sexista en el que salen niños jugando con muñecas o niñas con juegos de construcción, se hacen de lo más popular (y esto es un poco triste, porque eso no debería ser noticia).

En fin, es un tema que me toca la moral; siempre hemos intentado no condicionar a nuestra hija, pero ella está encantada con Frozen, le encanta vestir de princesa (Spiderman es de niños, aunque tuvo una época en la que le gustó) y el rosa es de niñas… y esto lo ha hecho la sociedad en la que vivimos.

¿Cómo lleváis vosotros estas situaciones? ¿Le dáis importancia o pensáis que no es para tanto?

viernes, 3 de julio de 2015

Los niños y los animales

Poco antes de casarnos nos rondaba por la cabeza tener un animal de compañía... valoramos las diferentes opciones y lo que más nos encajaba era un gato. Un día, mientras estábamos en casa de un familiar de la supermami, nos regalaron un gatito que tenía apenas 3 semanas.


Así era a los pocos días de llegar a casa

Nos lo llevamos a casa y aquí sigue, 9 años después (y todo ello habiendo descubierto la mami que es muy alérgica a los gatos... ). No somos capaces de quitárnoslo de encima por eso; tomando determinadas precauciones es suficiente.

El tiempo fue pasando y llegó la HermanaMayor (por aquel entonces, hija única y princesa de la casa). Como la gata formaba parte de nuestra familia, seguimos los rituales recomendados para 'prepararla' para la llegada del bebé (aquí unos ejemplos); no sé si lo sabéis, pero los gatos, a diferencia de los perros, muchas veces no son amigos de los niños... La adaptación de la gata (el bebé pobre ni se enteraba) consistía en mirarla durante horas y venir a maullarnos si la escuchaba llorar. Yo creo que pensaba qué era eso tan pequeño que solo lloraba :P

Con el enano la cosa ha sido algo diferente. Digamos que la gata ya estaba 'curada de espanto' y ha pasado bastante de él; ella es feliz poniéndose en mi tripa por las noches y tomando el sol en la terraza.

Cuando los dos pequeñajos, cada uno en su momento, fueron tomando consciencia del mundo que les rodeaba, hubo un momento en que la descubrieron: una bola de pelo que se movía! Qué divertido!

Con la HermanaMayor ya nos queda algo lejos el recuerdo de sus interacciones diarias, aunque se han quedado algunas imágenes grabadas; siempre nos acordamos de una vez, cuando faltaba poco para que cumpliera un año, que la gata estaba en su camita al pie del sofá y la pequeñaja se puso a su lado y, ni corta ni perezosa empezó a acariciarla (le metía unos buenos tortazos) diciéndole BAAAAAAPA (guapa); la gata aguantaba el chaparrón con cara de resignación...


Jugando con la gata... creo que ella no se divertía tanto

Lo que estamos viviendo ahora con intensidad es la pasión que siente el enano por la gata; ya puede estar llorando, entretenido, con la mama o con el papa, que como la vea se pone frenético, a reir y a gritarle y ya no existe nada más en el mundo. La otra hace como si no lo oye... Siempre digo, medio broma, medio en serio, que el ránking de preferidos del enano es: Gata, mama, hermana y luego ya si eso, yo :P.


Aprovechando que no está la dueña...

Hay numerosos estudios que dicen que vivir con animales es muy beneficioso para los niños pequeños (ejemplo); a mi no me hace falta ningún estudio; solo tengo que ver a los dos pequeñajos como disfrutan y tratan a la gata (trato fantástico que normalmente es correspondido con un golpe con la pata -déjame-, un minimordisquito inofensivo -déjameeeee- o una huida por la tangente cuando se ve acorralada).


Qué vida más dura

También he escuchado alguna vez que hay gente que se quita los animales de encima cuando van a entrar niños pequeños en casa por miedo a parásitos, enfermedades o posibles peligros (los gatos incluso durante el embarazo por el riesgo de toxoplasmosis); no creo que tengan razón de ser. Muchos estudios también demuestran que los niños que viven con animales son menos alérgicos (ejemplo 1 y ejemplo 2) y, salvo contadas excepciones de especies peligrosas, los animales son lo suficientemente listos como para saber que tienen delante un minihumano al que no deben hacerle daño.

Nuestra gata, pese a no ser amiga de nuestros hijos, los defiende y se preocupa por ellos: viene si los oye llorar mucho o nos viene a avisar si ve que no los atendemos... Es un ni contigo ni sin ti.

¿Vosotros tenéis animales? ¿Qué haríais si vuestros hijos os pidieran uno?

Por cierto, a que es bonica nuestra gata? :)






jueves, 15 de enero de 2015

Sordera, ignorancia, temperamento, celos... o todo junto

Llevamos unos días en los que literalmente nos podemos definir como AGOTADOS por el hecho de ser padres.

No tenemos muy clara la razón (o sí), pero la enana, ascendida a hermana mayor desde hace 4 meses, nos está poniendo a prueba en la complicada tarea de ser padres.

Por lo que hemos podido averiguar, tanteando nuestro entorno cercano con minihumanos de edades similares, parece que más o menos estamos todos igual... De todas formas, creo que a la nuestra la podemos condimentar con algo de celos (aunque no lo demuestra abiertamente) y su Alta Demanda.

En algunos momentos nos hemos llegado a plantear si realmente estaba sorda o no, de verdad! Tras una ardua investigación, hemos acabado deduciendo que se trata de una especie de sordera selectiva que se desarrolla en esta edad (3 años) y que permite escuchar lo que a uno le interesa y obviando lo que no de una manera sorprendente. Esa sordera a veces se complementa con una importante dosis de rebeldía. A veces no sabes si es mejor que se haga la sorda o que se rebote. 

Cuando se le cruzan los cables (por cualquier razón, sea o no importante), el conflicto puede acabar de dos formas: En lloro desconsolado o en unos morros que lleguen a la pared más lejana de la habitación. En ambos casos la duración será la que decida la señorita, tanto pueden ser 5 minutos como cerca de una hora; me da la sensación que al final, cuando se pone a llorar, acaba llorando por inercia, sin saber bien bien por qué. 

Ya el remate viene con las horas de comer... son horribles! Cuando era bebé decíamos bastante contentos (qué remedio!): "Duerme mal, pero al menos come divinamente. Lo de dormir ya se arreglará". Qué ingenuos por nuestra parte, jaja... Ahora el dormir está más o menos solventado (no tendremos en cuenta los frecuentes despertares que hacen que no sepamos lo que es dormir una noche entera), pero hemos empeorado en el comer de una forma bárbara. El hecho de sentarnos para cenar todos juntos a la hora de cenar hace crecer una nube de tensión en la cocina...

En resumen, llevamos una época en la que no hacemos más que luchar y luchar y estamos un poco cansados. Es posible que los dichosos celos tengan algo que ver en todo ello, aunque muchas de las actitudes ya estaban antes de que viniera su hermanito, así que no sabemos bien qué pensar. El problema fundamental es que andamos perdidos en qué hacer para solucionarlo (si podemos hacer algo, claro... igual se tiene que solucionar solo). Se aceptan consejos!

Nosotros nos sabemos la teoría al dedillo; explicarlo todo, dar alternativas, negociar... y amenazar. Lamentablemente, y por poco que nos guste, en muchísimas situaciones acabamos amenazando; parece que es la única forma en la que reacciona (y no siempre sirve). No nos gusta tener que ir por este camino e intentamos, cuando está de buenas, hablar con ella (cuánto puede hablarse con una niña de 3 años? :P), explicarle; ella nos da la razón y llegamos a acuerdos, pero no sirve. A las pocas de cambio, volvemos a estar igual.

Esperemos que esta época pase pronto, y muchos ánimos a quién esté viviendo algo parecido; sabemos que no estamos solos!