El otro día me di cuenta: Nuestra sociedad tendría que dedicar más esfuerzos a conseguir risas de niñas y niños; de cualquier edad, de cualquier clase social, de cualquier etnia, de cualquier país...
La risa de un niño, ese gesto tan sencillo y que a la vez transmite tanto.
Ese movimiento tan contagioso de 12 músculos que ilumina esas pequeñas caras cuando se produce.
Esa demostración de felicidad absoluta.
Dicen que la risa de un bebé o un niño pequeño es el símbolo más puro de la felicidad porque cuando se produce no esconde nada; en esos momentos, ese pequeño ser humano debe ser una de las personitas más felices de la tierra. No hay maldad, no hay falsedad, no hay segundas intenciones… únicamente, felicidad.
