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miércoles, 26 de julio de 2017

Operación pañal 2.0: El retorno

Hace pocos días vivimos la segunda operación pañal en la familia… y qué diferente fue respecto a la primera! Antes de ponerme a escribir estas líneas me revisé lo que expliqué hace ya más de 3 años… y qué diferencia! Consideramos en la primera operación pañal que nos había salido bastante bien… hoy lo habríamos hecho diferente.




Hoy en día aún se oyen muchas cosas como:
  • Hay que hacerlo en verano
  • Cuando decidas quitarle el pañal tienes que…
  • Tienes que insistirle mucho
  • Tienes que encerrarte en casa

miércoles, 28 de junio de 2017

Nostalgia de padres: Cosas que echamos de menos

Cómo pasa el tiempo, ¿verdad? Parece que no, pero ya hace algo más de 5 años y medio que somos padres. Algunos dirán que tampoco es tanto (sobretodo padres más experimentados :P), pero es una época tan intensa que ya casi ni nos acordamos qué hacíamos con nuestra vida cuando no estaban los pequeñajos ocupándolo todo.



En esta época en la que andamos cansados, saturados y faltos de paciencia aparece cierta nostalgia y vienen a la mente algunas de las cosas que no tienes; se echan de menos muchas ciertas cosas que igual vuelven de aquí unos años y otras que quizás han desaparecido para siempre. Voy a enumerar algunas de ellas:

miércoles, 10 de mayo de 2017

Vestuarios y niños: Combinación explosiva

Visitamos habitualmente el vestuario del club natación del que somos socios durante todo el año; ya sea para acompañar a los peques a hacer cursillos, para ir a hacer deporte o para ir a darnos un chapuzón en cualquier momento.

Cada vez que vamos, pasamos demasiado un rato en ellos… al llegar y al salir. No os lo voy a negar, muchas veces me he visto tentado de salir corriendo -incluso desnudo- porque hubiera pasado menos vergüenza de la que he tenido que vivir con determinados comentarios y/o situaciones; hoy os voy a comentar algunas de ellas:

jueves, 9 de febrero de 2017

Los padres del secador

Los jueves es día de piscina de la HermanaMayor y por cuestiones de organización familiar la acompaño yo. Como no podía ser menos, el HermanoMenor también se quiere venir (no sea que se pierda una oportunidad de jugar en la piscina), así que acabamos yendo los 3.

Hay momentos delicados cuando uno se encuentra en inferioridad numérica respecto a sus hijos, sobretodo cuando ésta se da en un vestuario pero bueno, hoy no es ese el motivo de este post. Con más o menos fluidez acabamos todos en bañador, cada uno en la piscina que le corresponde y, un rato después, nos reencontramos en la ducha. Una vez estamos los 3 limpios y relucientes, toca pelearse poner crema al pequeño, discutir animar a la grande a que se vista lo antes posible y vestirse uno mismo sin que se le escape alguno de los niños...

jueves, 12 de enero de 2017

Luchando contra los tópicos... de forma desigual

“No lo cojas que se acostumbra”

“Cómetelo todo que te pondrás grande”

“Si duerme con vosotros no os lo podréis sacar de la cama”

“Dale el pecho (o el bibe) cada 3 horas”

Y no tengo dudas de que se os ocurrirán muchas más por el estilo: frases estereotipadas que cuestan horrores de quitar del pensamiento común de mucha gente pese a estar demostrado que no son correctas. 

Afortunadamente, cada vez somos más los que abogamos por pensamientos más racionales y realistas, pero aún es muy común que en ciertos ámbitos más de uno muerda la lengua por no generar un conflicto. No es difícil de imaginar una situación de este tipo: Comida familiar con los abuelos, tíos y padres en la que se habla de algunos de los típicos tópicos que he comentado al principio del post: Que si le consientes mucho, que si lo estás malacostumbrando, que si no come nada, bla bla bla…


miércoles, 4 de enero de 2017

Los juegos del hambre

El HermanoMenor aún no se comunica verbalmente con fluidez, pero sí lo hace de otras maneras; otra cosa es que nosotros a veces sepamos averiguar qué es lo que nos está intentando decir. Por otro lado, tiene algunos puntos débiles que le hacen un poco perder el control y muy probablemente los más importantes sean el sueño y el hambre. Y, a veces, ambos de forma simultánea.




jueves, 15 de diciembre de 2016

¿Le hacemos un regalo a la profe?

No falla. Llegamos a la época navideña y en los dichosos grupos de Whatsapp del colegio (de los que ya hablaré seguramente otro día aunque oficialmente no esté en ninguno de ellos) aparece el comentario: 

“Vamos a hacer un regalo de Navidad a la profesora, no?”

Pues si fuera por mi, no. Lo siento. Y no porque no esté contento con el trabajo que hacen; al contrario, estamos encantados. Simplemente pienso que ya cobran por hacer lo que hacen. Al fin y al cabo es su trabajo, no?




El tema de los regalos es superior a mi… es algo que me parece tremendamente injusto, tanto con otras profesiones como entre profesores y profesoras del mismo colegio; por un lado, prácticamente a nadie le hacen regalos por su trabajo y se considera el sueldo como recompensa suficiente; por el otro, no me parece bien que una profesora pueda recibir una cajita de bombones y su compañera de curso reciba una caja experiencias de más de 100 euros. Y no tengo dudas de que se dan ambos casos.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Hermanos: Ni contigo ni sin ti

Es curioso ver la relación de los hermanos desde la perspectiva de padre. Tan fácil es que veas un amor incondicional entre ellos como que al poco rato veas un odio irrefenable de uno hacia el otro. Lo más curioso de todo es que se puede pasar de cualquiera de esos estados al otro en cuestión de segundos… Casi sin darte cuenta.



Recuerdo la cara de fascinación de la HermanaMayor cuando vio a su hermano por primera vez, su cara de felicidad inmensa cuando lo tuvo en brazos siendo tan bebé, lo mal que lo pasó cuando se lo llevaron a hacerle algún cuidado… puro amor. Ahora digamos que, ante determinadas situaciones, ese amor incondicional se transforma en un ‘No quiero tenerte de hermano’ o ‘ya no eres mi hermano’. Cómo cambia la cosa… Por suerte dura poco.

El HermanoMenor, por su parte, tiene en su hermana el mayor referente, para lo bueno y para lo malo: Constantemente repite todo lo que hace (o dice) ella, pregunta por ella cuando no está y se alegra mucho cuando la ve. Sin embargo, también es su mayor enemigo; a veces ella le roba a su mamá, su bien más preciado (a su papá también, pero ocurre menos veces), le quita cosas que tiene él o, fíjate tú qué casualidad, ella tiene justo lo que él iba a necesitar en ese preciso instante y tiene que conseguirlo como sea. No hablo de cuando le pega, le tira del pelo ni nada de eso… aunque pase.

Intentamos, en la medida de lo posible, que resuelvan los conflictos ellos solos pero como el HermanoMenor es muy algo manoslargas, normalmente tenemos que intervenir antes de que la haga llorar lleguen a las manos (y normalmente quien pierde es la HermanaMayor). Los celos y las envidias son inevitables, por mucho que intentemos ser igualitarios y que intentemos que ambos tengan las mismas oportunidades.

Es alucinante estar de espectador cuando todo va bien, cuando se dan la mano, cuando se abrazan, cuando comparten las cosas (pocas veces pasa esto) o cuando se preocupan por lo que le ha pasado al otro. Te derrites cuando haces algo con alguno de ellos y, sin pensarlo, tienen en cuenta al que no participa para que también disfrute de ello, de forma natural, de forma innata.

Muchas veces las relaciones entre hermanos se desgastan, se deterioran, se diluyen… y es una lástima, viendo la intensidad con la que lo viven de pequeños. Por nuestra parte no quedará el intentar que eso no pase.

lunes, 7 de noviembre de 2016

¡Que te pillo!

Cuando digo esas 3 palabras lo más normal es que el HermanoMenor estalle en risas. Da igual el momento del día, da igual su estado de ánimo, da igual lo que está haciendo, da igual el tono en el que se lo diga, da igual en el volumen en el que lo diga. El resultado siempre es similar.

Eso sí, no os penséis que estoy todo el día diciéndoselo aunque sea algo muy divertido porque no quiero desgastar la magia del momento… Es una sorpresa, un cambio de ritmo, una válvula de escape, un momento de descargar tensiones.




jueves, 29 de septiembre de 2016

No somos padres perfectos

No somos padres perfectos. Yo el primero.

Por mucho que prediquemos que practicamos la crianza con apego, hacemos BLW, practicamos colecho e intentamos razonarlo todo con nuestros hijos hasta la saciedad, llega un momento en el que no lo cumplimos…

A veces no damos una...


De vez en cuando aparece un pequeño ogro que hace que todos nuestros principios se desmoronen por momentos. Ese ogro, animado por los demonios del cansancio, del nerviosismo o de tener un mal día hace que seamos antagonistas de lo que predicamos.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

5 y 2

El tiempo pasa y casi ni nos damos cuenta… 

Desde hace cinco años los meses de septiembre tienen algo especial… y desde hace dos, aún más. Septiembre es el mes del fin de las vacaciones, el mes de comienzo del curso, el mes en el que todo vuelve a arrancar, pero para nosotros es algo más: Septiembre es el mes de los cumpleaños de nuestros hijos.




Septiembre es un mes emocionante e intenso a partes iguales: la HermanaMayor ya tiene bien claro que es su cumpleaños y va contando los días para que llegue; el pequeño, aunque no lo sabe, bien contento se pone cuando tiene que apagar velas o abrir regalos. Es un mes ajetreado pero cuando todo pasa y miramos atrás, siempre ha valido la pena.

Este año cumplís cinco y dos años...

CINCO: Cinco años en los que hemos vivido intensamente la paternidad; cinco años en los que hemos ido evolucionando como padres, en los que hemos ido cambiando cosas, a veces hasta el punto de contradecirnos. Cinco años intentando hacer lo correcto, a veces sin conseguirlo. Cinco años en los que hemos disfrutado de la espontaneidad, de la simpatía y de la intensidad con la que lo vives todo. Cinco años de acompañarte, de estar a tu lado. Cinco años fantásticos.

DOS: Dos años desde que llegaste a nuestra ya ajetreada familia. Dos años en los que nos has hecho vivir de forma más frenética aún si cabe. Dos años en las que hemos visto cómo pasabas de ser un ‘trocito’ de carne al torbellino que eres ahora. Dos años en los que hemos seguido aprendiendo, en los que hemos intentado mejorar. Dos años contigo. Dos años de carcajadas. Dos años de malas noches. Dos años de cariño. Dos años intensos y apasionantes.

Otro año más y otro año menos: Otro año más, viendo cómo crecéis, cómo os hacéis más autónomos, cómo vais conociendo vuestros límites, cómo aprendéis a tomar decisiones. Otro año menos para que os hagáis mayores, otro año menos de bebés, de ser ‘pequeños’, de ser tan inocentes. En cualquier caso, otro año en el que seguiremos a vuestro lado. Para lo que necesitéis, cuando lo necesitéis.




Felicidades guapos! Sois lo mejor que hemos hecho en la vida.

martes, 24 de mayo de 2016

#ElTemaDeLaSemana5: Tengo miedo a...


… a muchas cosas de las que antes no lo tenía.

Ya lo he dicho muchas veces en otros posts; cuando te conviertes en padre, toda tu vida y la forma de verla da un vuelco impresionante, y la aparición de estos temores es una de ellas.




viernes, 20 de mayo de 2016

#ElTemaDeLaSemana4: Un recuerdo que te ayude a tirar adelante

Desde hace algún tiempo, quizás desde que me convertí en padre, empecé a tomarme las cosas de otra forma. Ahora intento ver la vida de forma positiva e ir avanzando, día a día, disfrutándolo en la medida de lo posible y eliminando de mi vida esos pensamientos negativos que no hacen más que amargarle a uno la existencia...



¿Recuerdos que me ayuden a tirar adelante? Pues creo que no los necesito; he estado un rato buscando alguno y entiendo que si no encuentro ninguno debe ser por algo así. Si que es cierto que durante aquellos momentos del día que se hacen más duros te cagas en todo parece todo un mundo, pero como me esfuerzo en ser positivo e intento ponerme en el lugar de los demás (y a veces hasta lo consigo) esos momentos me duran poco. Y cuando pasan ya está, a seguir con lo que toca.

Al final, mi motivación es que mi familia sea feliz y que podamos hacer cosas juntos, no necesito mirar atrás; prefiero mirar hacia delante.






martes, 15 de marzo de 2016

Con ojos de padre

Hace algún tiempo hablaba de que cuando uno se convierte en padre (y con las madres me temo que es peor aún) los sentimientos se magnifican. Viene a ser lo que pasa en Gran Hermano pero ya para toda la vida.

No hace mucho tenía una conversación con un conocido que no tiene hijos (y que tiene intención de tenerlos). Habĺábamos de conciliación, de los horarios laborales versus los horarios familiares. Durante la charla choqué me topé con una visión totalmente diferente a la mía... hasta que al final me di cuenta, lo tuve claro: Yo lo veo con ojos de padre y la otra persona no. Alguien que no tiene hijos difícilmente pueda tener esa forma de ver las cosas; normalmente se es incapaz, por mucho que lo intente. No se concibe. Le faltan condimentos a la manera de pensar para que pudiera estar un poco alineado con lo que yo le explicaba.





Y no es nada malo. Es diferente.

Pasar a tener esta manera de ver las cosas llega sin darte cuenta, incluido en el paquete de padre; cuando no tienes hijos vives en armonía con tus prioridades y preocupaciones: La carrera laboral, la pareja, qué hacer en el tiempo libre (tiempo qué?), la economía familiar/personal… Cuando te conviertes en padre todo eso sigue existiendo, pero por encima hay una nueva capa ocupada por los pequeños miembros de la familia y que modifican bastante las prioridades (aunque siempre hay excepciones): La carrera laboral es importante, sí, pero también quieres ver y disfrutar de tu hijo. La pareja es importante (muy importante), pero en casa todo gira alrededor del pequeño. El poco tiempo libre que tienes lo dedicas a hacer cosas en familia: espectáculos en familia, excursiones, cumpleaños del colegio... La prioridad económica también se ve alterada: al impacto económico que tienen los hijos hay que incluir el hecho que no todo es ganar más y más dinero, y mucho menos cuando ello implica no poder estar y disfrutar de tu hijo…

Tener un hijo es un factor en la ecuación de la vida que no se puede simular y es inútil intentar hacer ver a alguien que no los tiene lo que le va a implicar emocionalmente un pequeñajo en la toma de sus decisiones. Con el tiempo, si acaba teniendo hijos, muy posiblemente vea las cosas 'con ojos de padre’.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Padres igualitarios

Me sumo a la campaña #PadresIgualitarios promovida por PapásBlogueros, AHIGE, Homes Igualitaris i Homes Valencians per la Igualtat que se ha puesto en marcha con motivo del día del padre igualitario el próximo 19 de marzo.




Nos queda mucho por hacer en cuestiones de igualdad y acciones de este tipo son muy necesarias para dar visibilidad a un cambio en la sociedad que, aunque aún se trata de algo más bien pequeño, es imparable.

Desde este humilde blog invito a todos los padres que me leéis que os animéis a publicar una foto con algunos de los lemas propuestos (o con uno propio, por qué no). Por supuesto, también me dirijo a las madres que me siguen para que convenzan a sus parejas y que también lo hagan.

Es fácil, lo único que tenéis que hacer es haceros una foto con alguno de los siguientes lemas:

  • Por una paternidad igualitaria
  • Por una paternidad responsable
  • Por unas masculinidades cuidadoras
  • Soy papá y cuido a mis hijos
  • <el que tú prefieras>

A continuación únicamente tenéis que subirla al evento que se ha creado en Facebook (aquí), subirla a Twitter o Instagram con la etiqueta #padresigualitarios o hacerla llegar a la dirección de correo electrónico padresigualitarios@gmx.com. La acción está abierta desde el 22 de febrero hasta el 20 de marzo, así que hay tiempo de sobras para encontrar un hueco!

Con acciones de este tipo y el cambio que ya está en marcha cada vez es más habitual ver a padres ejerciendo de padres. Padres haciendo cosas que durante mucho tiempo se habían considerado 'de madres'. Padres que se implican activamente en la crianza de sus hijos. Padres a los que les dan igual los comentarios que reciben ante ciertas situaciones.

Sigamos avanzando para cambiar esta sociedad patriarcal en la que vivimos, hagamos una sociedad más igualitaria.

Aquí os dejo mi foto :)



Gracias por vuestra colaboración!





jueves, 3 de marzo de 2016

Nadie dijo que fuera fácil

Desde que somos pareja siempre hemos tenido que luchar demasiado mucho por conseguir cosas que la mayoría de gente de nuestro entorno conseguía sin demasiado esfuerzo.




Nos costó mucho poder tener un hogar. Nos costó lo nuestro tener trabajos dignos. Nos costó convertirnos en padres, primero con un susto y después con la desesperación al ver que el embarazo no llegaba. Nos costó encontrar un buen colegio para la HermanaMayor. Hemos tenido problemas con los vecinos. Hemos tenido problemas con nuestro casero. Nuestros hijos son de carácter fuerte: una Alta Demanda y el otro con un genio que es difícil de controlar. Nos cuesta ser buenos padres. Nos cuesta no gritar, no enfadarnos. Nos cuesta ser pareja.

No se trata de envidia por la vida de los demás, ni mucho menos. Más bien es una sensación de injusticia hacia nosotros. No nos importa que la vida nos ponga retos, pero a nadie le amarga un dulce... nos gustaría que algo fuera fácil. Nos lo merecemos.

Es nuestro sino, nuestra vida y me temo que no va a cambiar. Vivir luchando por todo es muy cansado y, por mucho que uno esté acostumbrado a afrontar todo lo que se le viene encima, agota. Y así andamos: Agotados.

Todo nos cuesta todo mucho, pero todo lo acabamos consiguiendo o superando. Y la época en la que estamos ahora no iba a ser menos. Este no es un post para lamentarme ni para compadecernos. Es un post para darnos ánimos, para ser positivos, para mirar con ilusión hacia delante. Para seguir tirando, como siempre hemos hecho. Como hemos de seguir haciendo.

Al final acabamos consiguiendo nuestros objetivos; ¿que nos cuesta más esfuerzo que a otros? Puede ser, pero así el disfrute por haberlo conseguido también es mayor. Echar la vista atrás y ver que has superado un nuevo reto es reconfortante. Para comprobarlo solo hay que observar lo que tenemos actualmente tras no pocos contratiempos: Unos trabajos aceptables (viendo como está el patio...), un hogar, una familia (la mejor :P) y, lo que es más importante, dos hijos fantásticos y apasionantes.

Yo creo que no nos podemos quejar :D




Nos toca seguir luchando, nos toca seguir avanzando. Como siempre.


jueves, 4 de febrero de 2016

Vivencias de padres: cacas

Cambiar cacas, muchas cacas: Esa es una de las cosas no muy agradables que lleva implícita la p(m)aternidad.


Reacciones a esta actividad hay para todos los gustos: están los que lo llevan más o menos bien (llevarlo del todo bien es imposible cuando se viven escenas horribles dignas de una película gore) y los que no pueden con ello (o quizás es falta de costumbre experiencia?).



Muchas veces ya no es cuestión de llevarlo mejor o peor; hay ocasiones en los que gestionar determinadas situaciones es algo asqueroso complicado… todo tu mundo se tambalea cuando oyes ese pedete líquido mientras el pequeño humanoide juega feliz sentado sobre sus posaderas. Justo en ese momento se te enciende la bombilla: ¿Cuánto hace que lleva ese pañal? Y el horror se empieza a dibujar en tu cara cuando te das cuenta que se lo has cambiado al levantarse por la mañana y han pasado ya demasiadas unas cuantas horas. Es ahí cuando por lo bajini vas diciendo ‘que no se le haya escapado, que no se le haya escapado…


Toca actuar y enfrentarse a la cruda realidad: hay que mover ‘el paquete’ el bebé con la misma delicadeza con la que un ladrón de Ocean’s Eleven sustituiría una joya de incalculable valor por un paquete de la misma envergadura y peso sin que el sistema de seguridad del museo se entere. Muchas veces seremos afortunados y comprobaremos que como mucho ‘solo se ha manchado un poquito el body’, aunque también habrá otras en las que se verá un sospechoso color marronaceo subiendo por la espalda... Aún peor es cuando coges al pequeño, confiado porque aparentemente no ha pasado nada (no hay fugas visibles) e inmediatamente notas que tus manos tocan algo ‘más blando’ de lo que sería normal, por muy osito que sea el pequeño… Ya está, a partir de ahí está todo perdido, no hay nada que hacer. Lo mejor es ir directos a la bañera.


Por suerte, estas situaciones no son las más habituales. Las normales son aquellas en las que toca lidiar con una buena plasta, con su buena consistencia y su pestazo perfume característico. Todo ello luchando para que el pequeño no consiga cogerse sus partes embadurnadas, no se le manche la ropa que lleva puesta, no te manches tú y con la esperanza de que no quede ningún resto que luego pueda amargarte la satisfacción de haber conseguido superar esa dura prueba de padres…
Es curioso como la naturaleza humana de los padres nos adapta para poder soportar estas situaciones. Porque al final lo haces, y a otra cosa mariposa…
¿Cómo lleváis estas situaciones? ¿Os escaqueais?

jueves, 10 de diciembre de 2015

Tensando la cuerda

Tensar la cuerda: Dícese coloquialmente del proceso de llevar una situación justo hasta el límite.



Están los terribles 2, los duros 3... y ahora, qué calificativo le ponemos a los 4? Los insistentes 4?

Pongámonos en situación: Una tarde cualquiera entre semana; toca dejar de ver la tele e ir a bañar. Preparamos el terreno: Comienzan los avisos por nuestra parte de que en breve habrá que dejar de ver dibujos e ir hacia la bañera. Parecemos los petardos de aviso que se lanzan justo antes de empezar el castillo de fuegos artificiales de fiesta mayor.

Tras miles unos cuantos avisos con una respuesta similar a “Un momento”, “Cuando acabe X”, “Uno más y ya está” y cosas del estilo, optamos por apagar la tele ayudarla a que acceda a hacer lo que le hemos dicho. 

Crisis

Es entonces cuando toca explicar que llevamos rato avisando, que no nos debíamos enfadar porque cada cosa tiene su momento, bla bla bla bla… Qué os voy a contar, ya sabéis de qué va el rollo, no?

Cambio de estrategia por su parte. Pasa a la etapa de querer hacer cosas: Un momento que hago un dibujo, un momento que recorto esto… mientras nosotros, como si fuéramos un mensaje grabado en el metro, vamos repitiendo la misma frase cada vez con un énfasis mayor. La intensidad va subiendo, y la cuerda se va tensando… y justo cuando parece que se va a romper, ‘cede’ y haciéndote un favor accede a hacer lo que llevamos media vida pidiéndole.

Estas situaciones se repiten habitualmente: Para ir a cenar, para ir a comer, para salir a la calle, para recoger… y siempre tiene el mismo modus operandi: va apurando y apurando hasta que detecta que no puede llegar más allá, y entonces afloja.

¿Qué significa esto? ¿Nos está midiendo? ¿Está calculando hasta hasta dónde puede llegar? En cualquier caso, que haga esto con cada cosa que le pedimos es una putada tortura porque es agotador…

Y lo que es peor, ¿muchas veces qué consigue con esta actitud? Que acabemos amenazándola. Aix… sí, ya sabemos que no hay que recurrir a ella, pero es que al final casi se le escapa a uno cuando ve que todo lo que se le dice queda a la espera de que a la se-ño-ri-ta (nótese cierto rintintín) le venga en gana hacernos el favor de hacer lo que debe.

Ya para acabar, el ‘consuelo de tontos’: me da a mi, por el estudio de investigación que he realizado (preguntando a los padres del cole y a algunos amigos), que no somos los únicos que vivimos esta situación con niños y niñas de alrededor de los 4 años… 

Ahora solo queda seguir luchando hasta que pase, y cruzaremos los dedos para que no vengan los odiosos 5 :P

Va, los que tengáis hijos de estas edades, os sentís identificados? y los que son más mayores… nos espera algo peor? XD

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Descubrir que tu hija es Alta Demanda

Un día de repente nos convertimos en padres. Sí, ya sabíamos que iba a pasar desde hacía varios meses, pero eso no quita que sea un cambio extraordinario. Y pasa de un día para otro!

“Ha nacido con los ojos abiertos”

La ginecóloga nos dijo: “Cuando sea mayor ya podéis decirle a vuestra hija que ha nacido mirando al mundo”. Babeábamos, qué bonito! 

A los pocos días nos fuimos a casa. Los primeros días fueron bastante tranquilos; nos confiamos.

Dos semanas siendo padres y ya no estábamos tan tranquilos… algo había cambiado. La pequeña lloraba mucho. A todas horas. Muy fuerte. No dormía más de 30 minutos seguidos, no había forma de dejarla en la cuna (tenía pinchos?)... Oh, oh, esto no es lo que nos habían explicado. ¿Qué estaba pasando?

¿Por qué no podía quedarse un rato en la hamaquita tranquila para que la mami pudiera desayunar o ducharse? Era imposible dejarla en ningún sitio, tenía que estar a todas horas en brazos.

Luego estaba el tema de los paseos: ¿Por qué no quería ir en el cochecito? ¿Pero esto no le gustaba a todos los bebés? ¿Por qué toda la gente que iba con bebés los llevaban tranquilamente en los cochecitos bien dormiditos o tranquilitos y nosotros la teníamos que llevar siempre en brazos? ¿Estábamos haciendo algo mal?

Y así fueron pasando los meses, sin saber por qué nuestra bebé era tan intensa, tan exigente, sin poderla dejar sola ni un momento… y consumiéndonos las energías porque, por si fuera poco, dormía fatal.

Un día, cuando la niña tenía ya más de un año, me topé con un artículo de un blog en el que hablaba de los bebés de alta demanda. No habíamos escuchado ese concepto nunca. Veredicto tras leerlo: Estaba describiendo a nuestra hija! 

De repente todo cambió; ese texto nos abrió los ojos. Resulta que ella era así, no es que estuviéramos haciendo nada mal (por suerte!). Todas esas situaciones que vivíamos y no entendíamos nos estaban diciendo cómo era nuestra pequeña ¿Podíamos hacer algo para solucionarlo? No, pero al menos sabíamos lo que teníamos entre manos.

Es lo que hay, no es necesario darle más vueltas. Cada persona es de una manera y algunas tienen estas características diferentes; ni mejores ni peores… aunque seguramente más intensas. Y aprendes a vivir con ello (aunque a veces pierdas el control). No queda otra.

Y así es como descubrimos que nuestra hija era una de esas bebés de Alta Demanda…


P.D.: Por cierto, una de las características habituales de estos niños es nacer con los ojos abiertos ;)

jueves, 29 de octubre de 2015

Predicar con el ejemplo

Para nuestros pequeños somos su principal referente, pero creo que muchas veces se nos olvida. Es por eso que debemos intentar predicar con el ejemplo: Las normas y comportamientos que queremos inculcar en ellos las deben ver puestas en práctica en nosotros mismos.

Seguramente, si nos ponemos a analizar la manera en la que llevamos a cabo muchas de las cosas que les explicamos cómo hacerlas, nos daremos cuenta que no nos aplicamos el cuento y lo hacemos de otra forma. Esto les debe confundir, ¿no creéis? En sus pequeñas cabecitas deben aparecer preguntas del estilo a '¿Cómo puede ser que me digan que haga esto de esta manera pero luego ellos la hacen de otra?'. Si somos sus referentes (que lo somos, al menos durante los primeros años), hay que tener coherencia entre lo que se dice y lo que se hace ¿Qué pasa si no lo hacemos? Pues que al final todo quedará en nada y nuestros intentos por conseguir que los más pequeños de la casa hagan algo como 'se debe hacer' no servirán (y seguramente nos enfadaremos por ello, siendo la culpa nuestra).

No sirve de mucho decir a nuestros pequeños que no se pega y, cuando hacen algo mal, darles un cachete a tiempo (cosa inaceptable, por supuesto), así como tampoco damos mucho ejemplo si les decimos que no se grita o no se piden las cosas con exigencia pero luego nosotros lo hacemos con ellos (o con los demás).

Ejemplos como estos hay cientos: decirles que hay cruzar el semáforo cuando está verde para los peatones y no aplicarlo cuando no 'pasa ningún coche', ceder los asientos a las personas que lo requieren en los transportes públicos o ser solidarios y generosos. En el ámbito de la educación y la enseñanza, más de lo mismo: cómo vamos a potenciar que nuestros hijos lean si no nos ven coger un libro nunca?

No hay que olvidar, y esto también es muy importante, que también es aplicable a las emociones y al autocontrol; al final, ellos van a actuar en función de cómo nos vean reaccionar ante ciertas situaciones. Así pues, nos toca ser templados y controlados cuando tengamos a los niños delante... aunque en realidad podemos aprovechar para aplicarlo siempre, verdad?

Por supuesto cometemos (y cometeremos) errores, así que cuando nos demos cuenta (o nos hagan saber ellos mismos) que no estamos cumpliendo con lo que predicamos toca ser consecuentes y dar solución a lo que no estamos haciendo como es debido; de esta forma mataremos dos pájaros de un tiro: cumplimos nuestra misión como padres ‘ejemplo’ y hacemos algo como les explicamos.
¿Cómo lleváis eso de ser predicadores del ejemplo?