miércoles, 17 de junio de 2015

La ronda nocturna

Desde que tengo los dos blogs (¿No sabes que tengo dos? Uno es en el que estás y el otro lo puedes consultar aquí) me voy a dormir tarde: El trabajo, las cuestiones diarias de casa y los dos mocosos que ocupan nuestras vidas no dejan mucho más tiempo que el rato de después de cenar para dedicar a escribir algunas líneas.

Tras cenar, acostar a los pequeñajos (unos antes que otros) y recoger los bártulos de la batalla campal (también llamada cena), llega el momento de la calma. Se agradece después de los intensos días en los que vivimos.

La mayoría de los días al poco rato de acabar las tareas la supermami también se va a dormir (madruga mucho!), así que nos quedamos a solas la gata (que está deseando que me siente en el sofá para echarse encima mío) y yo, portátil mediante.

Todo queda en silencio. A veces ese silencio se rompe por algún despertar incómodo del más pequeño de la casa. Yo voy haciendo, hasta que el cuerpo dice basta (y acabo encontrando frases ininteligibles escritas con los ojos cerrados) o hasta que la mente me obliga a dejarlo estar e ir a descansar (no te obsesiones, nunca vas a acabar lo que tienes pendiente, me digo a mi mismo).

Es en ese momento en el que llega lo que me gusta llamar 'La ronda nocturna'. Tras apagar los trastos me dirijo hacia la cocina apagando todas las luces que voy dejando atrás. Traguito de agua (fresca, siempre fresca) y, con la única iluminación de la linterna del móvil, subo las escaleras.

Primera parada: La habitación del enano. Si todo está en orden, me lo encontraré en su habitación; un día estará boca arriba, otro día boca abajo y otro día de lado: se mueve mucho (dicen que como su padre). Siempre, no obstante, con la carita de paz que un padre podría quedarse horas mirando... Acabo la primera parada arropando al pequeñajo si la temperatura lo requiere (no me lo he encontrado nunca tapado :P).

Segunda parada: La habitación de la #HermanaMayor. Otra 'marchosa' en la cama que me puedo encontrar en cualquier posición. No es raro verla en horizontal, con las piernas colgando (o la cabeza alguna vez) e incluso del revés; es sorprendente, hace poco más de dos horas que se ha ido a dormir y ya ha hecho unos cuantos largos... no me extraña que en alguna ocasión se haya caído de la cama. Para evitar riesgos, la devuelvo a su posición tradicional intentando que no se asuste y la arropo. shhhh...

Parada final: La súpermami, si no tiene la visita del pequeñajo porque estaba inquieto, me la encontraré normalmente en la misma posición que siempre; ella no se mueve tanto :P. Si hemos tenido visita en la cama y el visitante está durmiendo, me llevaré al pequeñajo a su cama; con lo que se mueve, todos descansamos mejor si cada uno está en su cama (aunque no nos importa que nos haga compañía).

Me estiro, apago la linterna del móvil.

Buenas noches, me voy a hacer la ronda nocturna ;)

viernes, 5 de junio de 2015

Problemas con los vecinos... ¿bichos raros? ¿gente intolerante?

Hace algunas semanas leí un post del gran Papá en prácticas y otro similar en Marujismo (curiosa similitud :P) en el que hablaban de una mala experiencia con unos vecinos algo intolerantes..

Esto me despertó unos recuerdos que en nuestra familia ya habíamos enterrado en lo más profundo de nuestras memorias y que en su día nos lo hizo pasar bastante mal. Os voy a contar por qué.

Cuando la supermami y un servidor nos planteamos el ir a vivir juntos, el mercado inmobiliario estaba bastante ajetreado (año 2004) y con nuestros limitados salarios nos compramos (a medias con el banco) un pisito pequeño y algo viejecito de 3 habitaciones en una comunidad no excesivamente pequeña.

Para nosotros dos (y nuestra querida gatita) teníamos más que suficiente... con el tiempo se incorporó la enana (ahora ascendida a HermanaMayor) y aunque andábamos algo justos de espacio estábamos a gusto.

Nació la pequeña y bueno, lloraba mucho (muchos meses después descubriríamos que estábamos lidiando con lo que se podría llamar una Bebé de Alta Demanda); nosotros, en nuestra paternidad recién estrenada, hacíamos lo que podíamos.

Un día, de madrugada, se nos presentó la vecina de abajo diciendo que la estábamos molestando con los lloros de la pequeña. Nosotros alucinamos, desde el primer día hacíamos lo que fuera para que no llorara, pero llegábamos hasta donde llegábamos. Y si se despertaba por la noche, tampoco podíamos hacer mucho.

Con el tiempo la situación fue empeorando y la estrategia de la mujer (madre de dos hijas) cambió y pasó a hacernos guerra psicológica o mobbing: tan pronto se ponía la televisión a un volumen increiblemente alto, como ponía música a altas horas de la noche, daba golpes en el suelo (su techo) de la habitación de la niña cuando lloraba o, incluso, organizaba fiestas entre semana.

Las primeras veces yo, que tengo un carácter más pausado y menos impulsivo que la SuperMami bajaba e intentaba hacerle entender que hacíamos lo que podíamos, pero que si seguía con esa actitud acabaría llamando a la policía. Sus respuestas siempre eran cosas como:

- No es mi problema, haz que se calle.
- La dejáis llorar.
- La despertáis y os ponéis tacones (OMG!).
- Métele un pañuelo en la boca para que se calle.

Evidentemente, cuando llegamos a esa situación ya no interactuábamos con ella, así que probamos a interactuar con el propietario (la vecina estaba de alquiler)  pero no se quiso meter. Finalmente, la única alternativa que nos quedaba era llamar a la policía.

Cumpliendo mi advertencia y con la SuperMami con ataques de ansiedad siempre que la pequeñaja se despertaba (y como podéis imaginar, era bastante a menudo), acabamos llamando a la policía varias veces durante alguna de sus juergas... En varias ocasiones estuvo a punto de ser multada por exceso de ruido.

Ella, viendo que no nos amedrentábamos también llegó a llamar a la policía en alguna ocasión. Evidentemente, esto no tuvo ninguna repercusión porque la policía fue de lo más comprensiva; bastante teníamos ya con lo que vivíamos en casa.

Toda esta situación, totalmente incómoda nos llevó a plantearnos el mudarnos. Finalmente no hizo falta porque se acabó mudando ella (desconocemos si por 'culpa' nuestra).

Al poco tiempo también nos acabamos mudando; la enana estaba a punto de convertirse en HermanaMayor, veíamos muy justo el piso en el que vivíamos y el colegio público que nos tocó (podéis leer aquí la historia) no nos pillaba muy cerca de donde vivíamos.

Ahora vivimos en una finca pequeña, y con un cuidado bestial de intentar molestar lo menos posible a los vecinos.

Para nosotros esos momentos que vivimos en el anterior piso eran durísimos; no podíamos entender que alguien que era madre no nos entendiera y nos soltara lindeces como "Ponle un pañuelo en la boca para que se calle"; cómo se podía ser tan incomprensivo con unos padres recién estrenados que lo único que pretendían era que no llorara su pequeña?

Habéis vivido vosotros situaciones de ese estilo? Espero que no!

martes, 12 de mayo de 2015

Diversión en las escaleras

El título de este post parece un poco un sinsentido viniendo de un blog de paternidad, verdad? Siempre se relacionan las escaleras y los niños con posible riesgo y yo hablo de diversión en ellas... Ahora os cuento, que todo tiene su explicación.

Si hay una persona con la que el enano se ríe a las primeras de cambio es con su hermana. Es alucinante las carcajadas que puede llegar a soltar cuando la #hermanamayor le hace cuatro tonterías (o a veces ni eso, solo con acercarse!).

Hace casi un año, cuando estaba cercana la llegada del pequeñajo de la familia y aprovechando que el colegio al que le tocaba ir la grande estaba lejos de donde vivíamos, nos mudamos. Alquilamos nuestro piso (propiedad que compartimos en un amplio porcentaje con el banco) y buscamos uno de alquiler. Al final encontramos un dúplex que nos encajaba bastante (sin que lo buscáramos expresamente) y cumplía nuestras expectativas en gran medida. Y como bien sabéis, en los dúplex hay escaleras...




Nunca nos habríamos imaginado que los desplazamientos por las escaleras que van a la planta de arriba nos fueran a hacer reír tanto. Desde que el pequeñajo era muy bebé (ni que fuera ahora tan grande!) se produce un curioso fenómeno, sobretodo subiendo... Siempre que la #hermanamayor sube delante de él y le hace cuatro carantoñas, las escaleras se convierten en un festival del humor sin fin; el enano riéndose a carcajada limpia, sin parar; nosotros, babeando cual babosas subiendo las escaleras y más felices que unas perdices, y la causante de todo, la princesa de la casa, crecida ante el fervor de su reducido público que responde tan efusivamente sus payasadas.

Ahora que el pequeñajo ya es un poco más consciente de las cosas, hasta se prepara cuando vamos hacia las escaleras... y llama a su hermana si va distraída y no le dice nada!

En fin, que pese a que hay que tener cuidado con las escaleras, quién nos iba a decir que nos íbamos a divertir tanto subiendo (y a veces bajando) las escaleras de un dúplex. Y la gente que nos decía que nos íbamos a hartar de subir... así es imposible! Lo más curioso de todo es que bajando las escaleras no tiene el mismo efecto y, pese a que baja alegre en nuestros brazos, ni con las animaciones de su hermana se produce el espectáculo... ¡Cómo nos gustaría saber qué es lo que le hace reír así!

Igual cuando sean más grandes cambiamos el sentido de la diversión con esto:



Tiene pinta de ser divertido, incluso para nosotros :P

miércoles, 6 de mayo de 2015

#mamanoteescondas

Voy algo tarde, pero creo que vale la pena participar en la iniciativa que han puesto en marcha Misión: Mamá Ninja, Pau Almuni, Un papá como Vader, Joaquín Montaner y La parejita de golpe a la que se han apuntado algunos blogs más para el día de la madre.


¡Mamá, no te escondas!

En no mucho tiempo han salido noticias en los medios y en las redes sociales sobre madres que han tenido determinados problemas mientras amamantaban a sus bebés. Situaciones como esas son las que deben hacer que el lema de esta iniciativa, ¡Mamá, no te escondas!, tome más fuerza aún si cabe.

Y es que no hay que esconderse porque el hecho que una madre amamante a su bebé: es algo natural (alguien se ha olvidado que somos MAMÍFEROS?) y nuestra especie ha sobrevivido miles de años gracias precisamente a eso, a que nuestras madres nos han amamantado.

¿Cómo es posible que hayamos llegado a una situación así, en la que pueda llegar a resultar 'incómodo' para una madre alimentar a su hijo en una sociedad supuestamente avanzada? Muchos lo llegan a vender como que es esclavo para la madre, otros dicen que es una situación incómoda para los que la viven de cerca e incluso hay gente que dice que es 'mejor' la leche de fórmula. Es increíble lo que han conseguido en poco más de 40 años algunos laboratorios, acabando con el pensamiento natural de varios miles de años.

Ahora toca trabajar duro para que la sociedad entienda que la lactancia es algo natural, que es necesaria en nuestra especie y que, igual que dar biberón, es una decisión personal y, por tanto, debe ser respetada. De la misma forma que no está mal visto que una madre (o un padre) dé un biberón en cualquier sitio, no puede estarlo el hacerlo con el mejor alimento que puede tomar un bebé (y está demostrado científicamente).

Hagamos que la gente vea normal... lo que siempre ha sido normal, ¡Mamá, no te escondas!

martes, 21 de abril de 2015

Probamos las papillas Blevit!

Hace algunos días nos escogieron, gracias a Madresfera y a Laboratorios Ordesa, para probar algunas de las variedades de Blevit. Lo cierto es que nos iba de perlas porque el peque está justo en la edad en la que come de estas papillas... menos la de 12 meses, que tendrá que esperar.




En realidad, la prueba de los productos para nosotros ha sido probar nuevas variedades, porque como he comentado, ya son las papillas que el enano se mete entre pecho y espalda!

Una vez probadas las dos variedades que hemos podido usar (la de natillas con bastante más éxito que la de frutas, no nos vamos a engañar), paso a valorarlas un poco en general puntuándoloas de 1 a 5 (siendo 5 la mejor puntuación):




- Aroma y Sabor: Todas las variedades, incluso las de Sin Gluten y la de 8 cereales normal, que son las que conocemos, huelen de maravilla, así que le damos un 5.


- Textura: Esto va un poco en función de la preparación, pero si están en su medida justa, el enano va que se las pela y se enfada si no vamos rápido. Le damos un 4.


- Facilidad de preparación: Prepararlas no tiene ninguna dificultad; tal y como he comentado en el punto anterior, no hay que pasarse... Como pequeña pega, nos da la sensación de que si la leche no está bien caliente, no espesa de la misma forma. Un 4 sobre 5.


- Comodidad del formato: Cada caja contiene dos bolsitas con la papilla en su interior. A mi parecer, echo en falta un cierre fácil o algo así... Le damos un 3 (ahora recurrimos a pinzas del Ikea)


- Fórmula completa: A pesar de no ser un experto... suponemos que así es. Además, cuando nos informamos en su día antes de dárselas a la Hermana Mayor, fueron las que mejor impresión nos dieron. Le damos un 4 porque tampoco creo que puedan alimentarse únicamente de esto, no por nada malo ;)






Y hasta aquí el análisis de los productos Blevit!